VIII. El Reconocimiento . . . después de un tiempo
Era apenas lógico que después de un tiempo todos los miembros originales del pacto murieran a causa de su cerrado círculo y que los herederos empezaran a ser (y fueran para siempre) hacedores de desechos reformados, generaciones y generaciones de ellos; y eventualmente lo que producían dejó de ser muy diferente a los desechos, aunque conservaran un brillo que demostrara su identidad histórica.
Fue de esa forma que la mercancía de alta calidad logró ser relativamente equivalente a aquellos primeros magníficos desechos, a quienes había despreciado y envidiado tanto siempre. Su similitud era innegable, desechos hermosos y gastados (aunque mucho más el creado por amor que los creados por orgullo).
También fue esa la forma de asegurar el valor de reconocimiento que siempre pensaron que les correspondía.
La forma de desasegurarlo fue sencilla, a pesar de ser un grupo “élite” de hacedores, cada uno de sus miembros venía del mercado de desechos, no sentían la cortante separación de sus predecesores, sino que les debían tanto a ellos como al lugar de donde habían salido. Así que aunque no se abrieron al mercado, introdujeron en él una pequeña cantidad de productos; claro que al estar el reconocimiento implícito en el objeto, no servía como valor de cambio, así que usaron la gratitud: de esta forma el hacedor agradece al mundo y al pasado, y el usador de desechos agradece por algo que cree mejor de lo que merece.
Los otros capítulos:
I. Producto y Moneda
II. El Innovador
III. El nuevo Valor
IV. Intentos
V. No todos son Desechos
VI. Los Buenos
VII. El Pacto
VIII. …
IX. Luego del olvido
X. Nueva moneda