Una casa enorme

Un humano solía atravesar con relativa fluidez las paredes del tiempo, vivía en una casa enorme en la que parecía cultivar telarañas para luego respirarlas y alimentarse.
Moría poco a poco en esa casa, en la que era capaz de estar desde el principio, aunque no lo hiciera.
Le gustaba pasearse por sus corredores y refugiarse en sus esquinas, correr y despertar sofocado, gritar y detenerse por momentos interminables para escuchar su propia voz rebotando entre las paredes, buscando una forma de salir.

Le parecía extraño despertarse en su cuarto, vestirse y bajar las escaleras, por eso era común que se durmiera en otro lugar y se mantuviera días sin cambiar de ropa, siempre intentando subir hasta el final, salir al tejado y saltar. Pero se despertaba en su cuarto y se despertaba vistiéndose y se despertaba bajando los peldaños cada vez más rápido. No sabía que le gustaba, sabía lo extraño.

Se soñaba muy pequeño, caminando despacio entre los largos corredores, viéndose a sí mismo pasar infinitas veces, con todas las caras, todas las expresiones. El techo estaba demasiado alto y las telarañas eran espesas y colgaban allá arriba, lejos de su alcance y su nariz. En las esquinas estaba él refugiado, muchas veces repetido, dialogaba entre sí, pero solo a veces se entendía.

Soñaba que todo estaba lleno de él, de todas sus formas, en todos sus momentos, soñaba que era el único y que la casa era suya. Le parecía extraño.

Luego despertaba y no lo notaba, se sentía pequeño.

Hay 3 Comentarios to “Una casa enorme”

  1. sucia

    despierta hombre que es muy bueno!
    estas palabras me han mostrado espacios en mi cabeza que no conosia,

  2. otro

    gracias sucia y ¡que viva el auto-descubrimiento involuntario!
    debe ser la mejor y más imposible forma de aprender

  3. lamaladelapelicula

    Una sensación increíble la del humano. No sé porqué me suena cercana.

    Gracias por tus textos.

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