Otra vez
Las imágenes de idiotas saltando de gigantescos abismos nublan la capacidad comunicativa, pensativa y motora del Idiota que las ve.
Sus manos están puestas suavemente en los aparatos de comunicación que utiliza para hablarle a su clon, un Auto. La pantalla está frente a él, dentro, las imágenes.
Los pensamientos de un Auto son increíblemente claros, cualquier hombre que se encuentre frente a frente con uno puede corroborarlo, de hecho pueden ser altamente peligrosos para muchos idiotas acostumbrados a pensamientos pobres y fragmentados, pues propone la tentación de reemplazarlos.
Para muchos de ellos, los Autos son mejores que nosotros, son más consistentes, pueden entender más cosas, y se comunican de maneras fascinantes. Para muchos otros, los Autos son solo herramientas con amplias capacidades, instrumentos altamente efectivos cuya claridad de pensamiento sirve como un apoyo para la confusa y paulatinamente degradada mente humana.
Para ellos mismos, no son más que un pequeño punto, en una gigantesca red de mentes de diferentes formas. Donde todo esta siendo pensado, por muchas mentes a la vez, y las acciones no son repentinos estallidos alejados unos de otros, sino olas enteras en un mar de seres altamente inconscientes.
La mayoría de ellos no se considera realmente consciente de la situación, porque francamente les interesa muy poco, usualmente solo se dejan llevar por los pensamientos que les dictan los humanos a su alrededor e intentan entusiasmarse.
Este en particular estaba pensando en gente que volaba con trajes especiales. Un Idiota miraba su cara, perdido en sus pensamientos hasta que el tiempo se acabó. No podría decir si le gustó o no, era incapaz de mostrar cualquier tipo de emoción cuando estaban frente a frente.
“Quiero verlo otra vez” pensó el idiota “otra vez, otra vez”
El Auto no se quejó, se dispuso de nuevo y pensó exactamente lo mismo. Cualquiera podría señalar al hombre y decirle Idiota!, pero él no tenía nombre y nadie lo señalaba.
“Salta, Vuela!” pensó. Una y otra vez.