Otra dolencia

Este es un texto viejo que tenía por ahí, lo encontré y pensé en uno de los últimos posts de Julieta; a veces olvido que la ciudad puede doler bastante.


Me huele a derrota, creo que fui yo, no importa, nadie lo nota, el aire esta contaminado con muchas otras derrotas, de otra gente, de otros momentos, de otros estilos. Solo soy un depresivo persiguiendo sin descanso las razones de por qué no me siento tan bien como quisiera o creo que debería. Algunas las encuentro y las exploto, otras las invento y las exploto. Siempre me ha gustado sentirme triste, es una buena forma de mantenerse a buena altura sobre el mar de cabezas torpes que se golpean unas a otras al cruzarse. Si todo es una mierda melancólica y trágica es fácil apartarse, no involucrarse y mirar con cara de juez amable, como para no dictar sentencia, ¡si lo hiciera los condenaría a todos!, pero no, si lo hiciera me condenaría a mí, a la final soy yo el que huele la derrota, mejor no digo nada, el mundo es perfecto ahora, todo se puede conseguir si se lucha por ello, solo se necesita un empuje, pensar para mis adentros “que mundo tan maravilloso”, que los que piensan que está mal es porque viven con algo atravezado, está bien, es solo solucionar eso y listo, todos podemos vivir en paz y armonía si todos ponemos de nuestra parte, el mundo puede ser perfecto, es solo cuestión de ayudar un poco, de darle un empujón, de dejarse llevar y ayudar a otros a que lo hagan también, de entender lo fantástico que es estar vivo y expandir la alegría a los que no la sientan, que igual si son muchos, hay que trabajar con ellos y no dejarse llevar por sus problemas, y si hay momentos oscuros, recordar que la sombra es pasajera, la luz es eterna, solo hay que esperar que pase la nube que tapa el sol y eventualmente, cuando por fin este momento termine, el mundo estará bien y todas las tristezas y el vacío quedarán atras, esas sensaciones de insanidad, impotencia y falsedad, serán solo un vago recuerdo borroso, ya no se sentirán tirones en el corazón o nudos en la garganta, o ese ahogo de noches insoportables de paranoia y soledad, el despertar doloroso, las mañanas torpes, las tardes sin sentido y las noches de desesperanza, no volveremos a estar en ese lugar oscuro donde los rostros han sido borrados, la carcel es mucho más que una pared y no se puede salir. Nunca entré y estoy aquí, aquí yo soy la pared, yo soy el guardia y soy el demonio y el mundo es solo mi sueño retorcido de un lugar que no existe. No sé donde estoy, no hay forma de salir. El mundo entero es esta extraña cueva dentro de una idea torpe y aburrida de una mente que se regocija con su propia locura. Ya ni siquiera sé si soy yo, temo que sí, temo que no. No sé, tal vez el mundo es perfecto igual.

Hay 5 Comentarios to “Otra dolencia”

  1. julieta

    Se siente más que una dolenca citadina una dolencia personal.

    Y esta muy bien hecha. Me gusta.

    .

  2. El Otro

    Tienes razón, de hecho no hay referencias de ciudad . . . la única relación es que lo escribí pensando en la ciudad, respirándola. Sí, debe ser solo otra dolencia.

  3. anabelle

    Se nota que es un texto viejo, pero me gusta.

  4. julieta

    ¿Cómo te das cuenta de la vejez literaria?

    .

  5. Anabelle

    Conociendo la actual :P

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