Esta es la segunda entrega de SereS

 

La Sombra
[Fragmento del capítulo La Sombra, el primero en ser escrito, el pen-último en la línea de tiempo de la saga Hijos de Nada mencionado en Una mujer de miedo]

 

-He ahí al Viento- resonó un pensamiento, escondido en algún rincón de la inmensa Madre Tierra. -He ahí el Agua- su voz era profunda y rasgada, cada sílaba agredía y se burlaba de sus interlocutores. -He aquí la perfección, la medida sagrada, el codiciado equilibrio. He aquí lo imposible. Me encanta. Me encanta-.

 

La voz resonó en la Tierra entera, como si saliera de las rocas y las lagunas, de las cavernas y los prados fértiles aún sin florecer por primera vez. La Madre Tierra la escuchó y lo sintió venir de sí misma como todo lo demás. Tenía otro hijo, no lo había sentido venir pero ahí estaba. Y lo acogió, sin saber nada de él, lo acogió como su tercer hijo, a esa gran voz que la hacía estremecerse. Le encantaban esas voces.

El Viento también lo escuchó en medio de su baile eterno en los cielos. No dejó de moverse, como si ya lo supiera y tal vez lo estuviera esperando. Había estado danzando con su hermana por eras enteras, sin sentir que sucediera nada. Madre Tierra los ama de todas formas y su padre Sol sonreía todos los días, pero faltaba algo. Su hermana, Agua sintió la vibración de cada palabra y como si estuviera en un trance, se dejó llevar por las ondas.

 

La voz parecía provenir de todos los lugares a la vez, pero Agua conocía cada escondite y cada hoyo debajo de cada roca. Ella había creado la mayoría. Viento podía decir que causaba erosión y que conocía el mundo desde arriba, pero ella sabía que tan hondo iban los pozos y conocía de cerca el corazón de su Madre, el frío que te congela y el calor intenso que se guarda debajo de su piel. Nadie conocía a su Madre como ella, nadie podría esconderse.

Era verdad. Mientras Agua se dejaba llevar por las vibraciones dejadas por la voz, persiguiéndolas hasta rocas y cavernas inertes, Viento le mandó un mensaje desde las alturas. -Ya lo has encontrado, hazlo salir-, sus palabras hicieron de Agua una tormenta, que se estrelló una y otra vez contra las rocas que estaba examinando. Hacía tiempo había aprendido que su hermano mayor, aunque difícil de entender, generalmente sabía lo que estaba pasando y ofrecía una solución. Agua en cambio, solo tenía curiosidad. Su hermano era demasiado críptico y su Madre amaba sin pensar, Agua necesitaba de alguien más, de otro ser u otros seres con quienes compartir la existencia. La voz la llenaba de excitación. Le parecía que marcaba el comienzo de algo diferente, ese ser extraño, escondido detrás de todo.

 

-Quién eres? Eres nuestro hermano?- exclamó Agua, en medio de una tormenta que no cesaba. En lo alto, Viento movió los labios en un gesto largo de melancolía, como lamentándose y resignándose para siempre.

-Hermano? Sí, lo soy. El último hijo, el que no puede faltar- La voz retumbó de nuevo y la tormenta contuvo su aliento -Soy la encarnación de mi padre que se extiende desde el principio hasta el final de todo. Pueden llamarme Sombra.

-Tu padre? De quién hablas?- Respondió Agua con ingenuidad. Viento que todo lo escucha, quería detener el tiempo mismo, que dejaran de hablar, dejar de estar presente, algo. Pero la tormenta danzaba sobre las rocas y la Sombra se alzaba en la mitad, con un cuerpo casi sólido, erguida como una criatura minúscula, pero con la dignidad de quién no tiene por qué temer.

-Mi padre es el Vacío. Es el padre de todo. Algunos se olvidan y por eso debo recordarlo. Está presente en todas partes, es el único que lo sabe todo, lo que es y no es. Lo que puede ser y lo que nunca será. Yo no soy más que una Sombra de su inmensidad.

 

Agua y Viento se quedaron inmóviles. Sombra parecía estar dispuesto a hacer algo. Ninguno de los dos sabía a qué se refería con eso. Ambos les dieron sus nombres y lo saludaron formalmente, pero se quedaron esperando algo más.

Sombra se encogió de hombros, ya sabía sus nombres. Eran jóvenes aún, podía seducirlos fácilmente. Con una risa especial, elevó su figura y bailó con la tormenta.

Tomados por sorpresa, Agua y Viento se detuvieron y vieron a la Sombra describir perfectamente las formas de la tormenta en un reflejo amenazador de su baile. La Sombra rió un poco más y se disolvió en millones de puntos negros que volaron con la más delicada brisa de Viento y se hundieron en Agua o en Tierra al caer.

En algún punto de ese baile, surgieron los primeros seres vivientes. Se alojaron en Agua por mucho tiempo. Sombra apareció de nuevo muchas veces, en momentos decisivos y logró una gran amistad con Agua a quién llamaba Vida, y una relación de rivalidad algo problemática con Viento, a quién luego llamaría Destino. Sabía algo más, algo invisible e intocable, algo que estaba en todos ellos, escondido en lo más profundo de sus seres.