La pluma
Otro día, otro hombre despertó.
Respiró, y un aroma suave, profundo e identificable lo impulsó a sonreir. Comió un poco del pan que quedaba e hizo una inútil nota mental de conseguir más.
Pronto empezó a garabatear algo sobre una lucha de poderes y no contuvo una segunda sonrisa, causada por la facilidad con que la tinta logró deslizarse por el papel y crear nuevas y contrastantes formas. Recordó su cambio de pluma y se felicitó en silencio.
Eventualmente la fuerza de la batalla en el papel lo hizo detenerse, (felicitarse de nuevo,) y repasar lo último. Esto no lo ayudó a continuar, así que se devolvió aun más, poco a poco, luego saltando partes y luego con lentitud, reconociendo todo levemente y deteniendose en sitios específicos.
Tras muchas líneas negras y grises, pensó que la única razón para empecinarse con la lucha, es que finalice y se alejó del cuaderno. Meditó sin soltar la pluma, incluso la reposó suvemente sobre su labio inferior; la contempló, la detalló, jugueteó un poco con ella y luego se fue quedando cada vez más quieto en una posición rígida, pero cómoda a la que ya estaba acostumbrado.
Se despertó de nuevo en una posición ligeramente diferente, se reacomodó sin prisa mientras se esforzaba en recoger la pluma que se había alejado casi más allá de su alcance, la sostuvo entre sus manos un momento y escribió con decisión que otra razón para empecinarse con la lucha es resolverla. Intentó escribir un poco más, pero la tinta ya no le parecia tan oscura, así que volvió a contemplar y detallar la pluma mientras dejaba de moverse, pero ahora con menos interes y por menos tiempo.
Febrero 6th, 2007 at 5:11 pm
Esta escritura está bastante fluída. Invita a leer hasta el final.
Contenido sencillo, pero profundo.