La nota
Al despertar, un hombre se levantó, miró a su alrededor y destrozó el lugar.
Dejó un papel y se fue. El papel hablaba de lo humano, de guerras y muertes, de amor y gloria y de decepción. Hablaba de él y del mundo, del vacío y su busqueda.
Nadie lo vió salir, nadie quiso enterarse. Su nombre fue olvidado como se olvida un número demasiado largo y poco importante. Sus ruinas estuvieron por siempre intactas, testigos únicos del acontecimiento y aquel papel, constancia última de la acción, fue quemado.
Este hombre debió escapar a lugares solitarios, aquellos que solo pueden ser accedidos tras demostrar fiera valentía, destreza y conocimiento. No debe haber accedido a los lugares ocultos, sin embargo, ya que aquellos son por supuesto, mucho más crueles con los extranjeros, no les gusta ser perturbados bajo ninguna circunstancia, y si alguien lograra pasar algunas de sus pruebas de entrada, es realmente imposible que complete todas y menos aun las de regreso.
Claro que, al ser tan fiero ese hombre como para lograr renunciar a su vida, podría ser lo suficientemente decidido para elegir entrar a cualquier lugar sin sentir la obligante necesidad de salir, y esa puede ser la valentía necesaria, así que pudo haber entrado a los lugares ocultos y tal vez allí encontró joyas y tesoros, tal vez sea más posible que haya encontrado verdades escondidas en los intrincados laberíntos de lo desconocido y haya encontrado paz en la soledad o en la compañía de aquello que antes no consideraba como tal.
Es posible incluso, tomando en cuenta lo escrito en el papel, que este hombre no solo haya encontrado la paz en su travesía solitaria, sino que haya trascendido hacia un punto más allá de la comprensión de los mortales, tal vez se unió con el universo y ahora es todo y nada, fue capaz de resistir el tiempo de una forma que ninguna otra vida se había permitido hasta el momento.
Tal vez fue capaz de trascender incluso al tiempo y presenciar sus movimientos y existir en cada momento y en cada lugar, tal vez incluso ser cada ser y ser todo a la vez.
Tal vez volvería a su casa y sería nuevamente él y viviría y soñaría como él, cada momento, cada minuto, tal vez solo querría verse al principio, antes de ser cualquier cosa, tal vez al final, al destrozar todo y escribir una nota, escribirla de nuevo, quemarla otra vez. ¿Quién es él, ahora que puede escribir otra nota?¿Ahora que puede quemarla? Estas ruinas no tienen sentido, han sido bañadas por el infinito y allí nada es más que nada y “siempre” solo se refiere al vacío. Este papel no vale nada y sus palabras nunca fueron leídas con el entusiasmo que fueron escritas, ni siquiera ahora.
¿De que vale el sueño que fue su vida?
¿El sueño de su despertar?
Febrero 6th, 2007 at 5:18 pm
Buena pregunta, como las de Moebius.
Vale la pena el sueño o despertar del sueño para saber que es un sueño?
El sueño sin vigilia, no es sueño.
La paz y la soledad. Ahí está la verdadera pregunta?
O es una más?