La emoción del grito
No le pareció conocer la sensación hasta ese instante. Después de una larga vida de satisfacción lenta, pensó en la suerte, en el destino, en el tiempo y los personajes de una historia que recuerda por completo, pero vagamente. Eĺ también es un personaje. Ahora. Y varios más antes.
Se embriagó. Explotó lo más que pudo. Lo más que quiso.
“Esta sensación vale la pena cultivarla” pensó en un intento de ecstasis. Si tuviera pantalones los hubiera mojado, pero él no necesitaba pantalones. Después de tanto tiempo en silencio, en el preciso instante en que se revelara contra el Vacío opresor, se sintió inmensamente mejor. Como si un enorme peso se esfumara de su espalda, se podría decir, porque la sensación es similar, pero realmente se trataba de una inmensa explosión que salía del centro de la nada, y se disparaba a conquistarlo todo. Aún así, el Vacío era demasiado.
Mucho después se enteró, que aquella pequeña explosión no moriría tan fácil y seguiría la misión de conquista hasta el final. En ese momento no lo sabía, no sabía nada. Había dicho una palabra y había sentido un estremecimiento. Le había gustado. Lo repitió y lo repitió. Fue un tiempo grandioso. Si alguien hubiera podido verlo hubiera muerto al instante por su belleza.
Bailaba con el fuego, no había lugar para sutilezas, debía suceder de todo, en todas partes, al mismo tiempo. Quiso encontrar el límite.
“NO! ” gritaba “NOOOT”, el universo colapsaba con tan solo haber empezado, pero él no se preocupaba, sentía la fuerza en su voz, el inmenso placer de la creación, la destrucción y el caos, la incomparable sensación de ser y oponerse al Padre Vacío que lo encerraba y amenazaba con devorar a cada instante. Él lo haría danzar en llamas, escapar más y más, retroceder ante su voz, “NOOOOT” se empeñaba en gritar amenazante hacia el inmenso Vacío, sin tener en ningún momento la certeza de su mirada de vuelta.
será que me mira?, se preguntaba, “NOOOOT”, parecía responderse, será que me oye? “NOOOOT”, será que le importa? “NOOOT”. No quería detenerse nunca, el poder era angustiosamente placentero, su demostración un milagro propio.
Pero se cansaría, como todos (menos el Vacío, y la Voz lo sabía muy bien) nos cansamos luego de darlo todo.