Archivo de 'Después del Sueño'

La eterna batalla

Para los nuevos lectores y para dar un poco de contexto, esta pequeña historia hace parte de la serieEl niño y el Dragón

 

El niño descansaba plácidamente sobre el inmenso hocico del Dragón, ya no tenía miedo de él, incluso se había acostumbrado al calor que brotaba, a su sonrisa a medias que a veces parecía permanente y a veces tan solo una ilusión más, a su mirada penetrante que llegaba a todos los rincones a la vez.

Era un enorme espejo de sí mismo. Lo sabía.
Las nubes azules a su alrededor eran su propios sueños y deseos. El Dragón las creaba sin esfuerzo o intención. Solo respiraba y de su hocico salían ilusiones, nubes algo más sólidas que el aire. Nubes azules, casi con vida propia.

El niño las sentía, lo rodeaban y le daban calor. Incluso parecían observarlo, si es que una nube puede hacer tal cosa.

Luego de revolcarse un poco en el calor del Dragón e intentar volverse a dormir sin abrir los ojos, el niño se apretó los más que pudo contra la piel más suave que había encontrado en ese enorme cuerpo (la gran mayoría consistía de escamas de metal de varios metros, superpuestas en orden, también había otra parte suave y sin escamas allá abajo, pero no daban ganas de quedarse ahí).

Solo entonces decidió despertar y abrir los ojos. Las nubes que lo rodeaban se dispersaron disimuladamente y se hubieran ido silbando si tuvieran la capacidad de hacer tal cosa.
El Dragón debió haber sentido algo porque también abría sus ojos, aunque mucho más lento, como un extraño amanecer, en que las montañas suben y dos soles se quedan quietos en su lugar. Y te apuntan.

El niño sintió una leve brisa y tuvo que apartar la mirada. A su espalda ya empezaba a formarse una parte del mundo con las nubes que el Dragón resoplaba.

Había una puerta. Era la primera que veía en mucho tiempo.
Una puerta. Tenía una forma particular de ser la única puerta. LA puerta. Parecía ser sólida, como si la nube intentara convertirse en madera de arce y lo estuviera logrando. Tenía un marco delgado, decorado con pequeñas nubes que no se decidían a estar en ningún lugar y vibraban alrededor, convirtiendose en flores, animales y a veces incluso se veían figuras humanas haciendo algo que el niño no alcanzaba a descifrar. Iban muy rápido las nubes y no se paraban a pensar.

Hipnotizado por la ilusión más real que había sentido, se levantó y se dirigió hacia la punta del hocico, donde reposaba la puerta. Quería tocarla. Se sentía diferente, como si la nube guardara algo en su interior, un hielo rodeado de vapor, un centro helado en medio de el calor.

El Dragón resopló de nuevo y detrás de la puerta se alzó una nube mucho más alta, que empezaba a tomar formas. Aparecieron los ángeles y los demonios, mirándolo fijamente, revoloteando con sus alas de murciélago y paloma, miles revoloteando dentro de la nube. También parecían sólidos, pero atados, a la nube y entre ellos mismos.
Lo miraban fijamente, parecían decirle algo, pero eran demasiados, cada vez más y más pequeños, pero la nube seguía creciendo y parecía acercarse.

El niño retrocedió unos pasos, hacía mucho no veía algo que lo asustara, algo tan real … aunque seguía siendo una ilusión, no más real que la puerta, y mucho menos real que él.
Así que, ¿porque tenerle miedo?

Se detuvo, miró el Dragón a su espalda, sus ojos parecían sonreír, pero no decía nada por supuesto, “como el Sol” pensó y miró de nuevo hacia adelante. La nube se parecía hecha de roca, miles de ángeles y demonios de mármol se peleaban entre ellos para estar más y más cerca, volaban y se atravezaban y se volvían polvo, pero del polvo salían otros, más duros y fuertes.

El niño se acercó a la puerta y vio que la nube aceleraba su marcha, la puerta en cambio parecía alejarse mientras que en el marco bailaban cuerpos cada vez más definidos, animales que había visto antes, personas que recordaba de una vida anterior. El niño se vio corriendo de repente, persiguiendo una memoria perdida en un mundo de ilusiones.

La puerta se encogía bajo el peso de un marco hecho de recuerdos, “me dan una razón para llegar, pero ellos también me cierran la puerta” pensó mientras corría por un hocico que ahora parecía infinito, mientras la nube crecía justo detrás de la puerta, todos los ángeles y demonios hechos polvo parecían luchar eternamente como pequeños átomos cargados con energías opuestas, mientras que su movimiento formaba un rostro que no encontraba su forma.

Al llegar frente a la puerta, el marco eran enorme, hecho de emociones recordadas, su propio cuerpo sobresalía, cada roce, cada sensación pasada intentaba comunicarse con él. Se veía a sí mismo, viviendo algo que no recordaba, pero sabía real. El marco palpitaba, mientras que la puerta resistía quieta un poco más abajo de su estatura. Parecía estar soportando un peso muy grande solo para que él la cruzara y luego desaparecida feliz de haber cumplido con su deber.

El niño abrió la puerta lentamente mientras los cuerpos palpitantes a su alrededor lo envolvían y empujaban hacia adelante. Al asomarse vio unos ojos enormes y a la vez casi cerrados, hechos de millones de motas de polvo moviéndose furiosamente de un lado a otro.

La nube se escondía en el borde del hocico, meciéndose suavemente con la respiración lenta del Dragón. Incluso parecía hacer un sonido muy apagado, como una r que no se detuviera. Emanaba calor a su alrededor.

El niño se había detenido en la puerta, sosteniéndola fuertemente, en parte para poder cerrarla, en parte para que no se deshiciera sola. Su toque era frío, de cierta forma revitalizante. Sentía la fuerza agrupandose en su cuerpo, miraba atras para ver los ojos del Dragón pero solo eran dos luces a la distancia cubiertas por la niebla.

No había sentido nada tan real desde su llegada a el mundo blanco de ilusiones. Solo el Dragón y tampoco era real, era él mismo, la parte de su mente que no habla.

Los ojos se acercaron y un cuerpo entero surgió poco a poco, mostrándose con elegancia y delicadeza, sin perder de vista el niño en la puerta. La figura felina caminaba con toda la pausa posible, pero con una posición que sugería que podría comenzar a correr en cualquier momento. Ya no parecía hecha de polvo, sino de calor puro, como si cada parte de su cuerpo se hubiese desintegrado con furia y su energía siguiera brotando. El rojo y el negro aparecían y desaparecían como en una eterna disputa sin arreglar.

El niño lo miraba inmóvil mientras se acercaba, era un Tigre sin duda alguna, pero no era real, era una ilusión más. No había razón para asustarse, pero aún así no iba a soltar la puerta por nada.

El Tigre también parecía sonreír, al acercarse y olerlo desinteresadamente. No quería hacerle nada. De hecho, también parecía querer decir algo. “En un mundo de ilusión donde yo soy la única voz” pensó con algo de frustración. Pero estiro la mano suavemente y acarició la cabeza peluda del Tigre, que no puso ninguna resistencia.

Su piel era fría. Algo que no pudo entender de inmediato. Lo veía cálido, pero incluso eso era una ilusión. Siguió consintiéndolo, disfrutando de su placer. La puerta se esfumó y con ella su marco.

De repente estaban solo los dos jugando sobre el hocico del gran Dragón. El Tigre ya no era una nube de nada, era algo más.
“¿Quien eres tu?” preguntó sin esperar respuesta. Otra parte de él tal vez. La parte que siente.

Lo pensó por un momento y le dijo “¿has venido a sacarme de aquí?”

De repente el Tigre lo miró fijamente, “eso si lo entendió” pensó el niño esperando con curiosidad su reacción. Luego el Tigre miró fijamente al Dragón. El niño también se volteó. Por primera vez, el Dragón parecía furioso. El niño presenció como intercambiaban miradas y el Tigre se ponía en posición de ataque. El Dragón empezó a resoplar y las nubes empezaron a rodearlos. Con un movimiento lento, empezó a levantarse y abrir sus enormes alas.

El Tigre miro a su alrededor con una furia desesperada y viendose acorralado se volvió hacia el niño. El piso se movió mientras el Dragón abría la boca y soltaba unas nubes diferentes, negras y tormentosas.

El niño las veía paralizado. Parecía haber desatado una lucha entre los dos al mencionar su salida de este lugar. No entendía muy bien que estaba sucediendo ni en donde estaba realmente. Este mundo blanco parecía ser solo una ilusión, un mundo para olvidar el otro.

“Pero no puedo” pensó.

Mientras tanto el Tigre corrió hacia él y abrió la boca.
Sus colmillos brillaron con su propia luz, pero detrás lo esperaba la oscuridad absoluta.

En otro lugar, en algún momento y con un cuerpo real, un hombre despertó.

 

Parto en Tren

Parto en Tren

Primera animación de esta gente

Ojalá saquen más . . . ojalá.

proyecto de rEvolución

Uno de los proyectos en mi cabeza . . . no sabría como hacerlo, así que lo comparto. Si a alguién le interesa participar en la producción o simplemente mirar la evolución del guión mientras se fabrica, puede mirar y comentar el proyecto o el guión.

Aquí solo pongo los títulos de las escenas y el resumen. Aun falta escribir la mitad del resumen, pero creo que ya se ve por donde va, no?

Despertar

El niño se despierta en su cueva, mira hacia afuera por la única ventana y ve el mundo, le parece hermoso. Se voltea y lo olvida, despierta su Auto y se saludan.

Se miran fijamente.

Un ojo cuadrado, la cara de un Auto, la ventana a Dios.

El niño explora amplios mundos en un mundo hecho solo de palabras. Ve y aprende, escribe, dibuja, trabaja, habla con otros niños e Idiotas*.
Afuera en la ventana de la cueva, el Sol baja.
Al final, el niño mira al mundo con nostalgia, con la seguridad de que lo esta perdiendo, a cada momento. Pero vuelve su vista a la cueva y lo olvida. Se duerme.

*Aqui se muestran los conocidos, en ciertos prototipos. 3 o 4. Están todos descontentos y planean reunirse.

Salir

Se dispone a salir. Se ha puesto ropa de estilo, pero la ha arrugado al sentarse a hablar con el Auto. Al mandarlo a dormir, extrae su cerebro. Un pequeño Auto. Saca un cable y se lo conecta en las sienes.

Todo el tiempo va hablando con los que se va a reunir. O los escucha. Monta en un ascensor, desciende cientos de pisos. Sale por una puerta grande, iluminada. Camina por las calles llenas de Autos que cantan con voces gruesas, dentro, los conductores parecen débiles replicas. Llega a una escaleras que bajan hasta un túnel. Desciende hasta unas puertas grandes de vidrio, que no dejan ver casi nada hacia adentro, solo reflejan. El niño se ve a sí mismo encorvado. Se pone derecho, pero su cara sigue dubitativa y entra.

*Se oyen susurros de conversaciones y pensamientos erraticos del niño. Hacia el final, los pensamientos se vuelven hacia “La entrada del Infierno”.

Subterraneo

Bajo las escaleras habían un par de maquinas con tarjetas en su vitrina y pequeñas puertas giratorias. Pasó. Se encontró con una serie de carriles paralelos por los que pasaban Autos muy grandes y rápidos. Paraban y seguían. Paraban y seguían. Paraban y seguían.
Esperó y se montó en uno muy rápidamente, con destreza. Quedó parado en la puerta, en medio de varias personas que se miraban inquisitivamente. Los vio moviendose y los vio quietos. Afuera veía otros Autos con Idiotas igual de cerca entre ellos. También se miraban y lo miraban a él inquisitivamente. Miro sus manos, miró sus pies. Se bajó y corrió hacia afuera. Subió al ascensor y ascendió varios pisos. El Sol le cerró los ojos y le sacó una sonrisa.
Dejó la prisa y se puso a caminar.

*Pensaba en la forma en que la ciudad fue creando un nicho subterraneo para el transporte. Habian cavado tuneles en las montañas y puesto pisos superiores al suelo en diferentes lugares. Habían varios pisos bajo la ciudad, por donde andaban los Autos de Transporte. Entre más abajo se iba, más lleno y bochornoso era el ambiente. Continúa la metáfora del infierno.

Pipol

En el subterraneo habia perdido coneccion con el mundo, podia escuchar musica o escribir o grabar algo, nada mas. Ahora sale, camina y vuelve a escuchar y hablar con la gente.
No ha llegado ninguno. Se sienta y espera un poco. Cerca esta uno de ellos, capturando imagenes. Lo captura a él. Lo siente. Luego se saludan, pero no se queda, se va y sigue capturando y esperando. Llegan dos más abrazados. Sonríen. Saludan y se hablan entre sí. Esperan. Llegan cinco más. Solo conoce a dos. Uno de ellos saluda al grupo sonriendo amplia y descaradamente. Los otros se hablan de a dos, pero se escuchan los cuatro. Esperan un poco más, el niño habla con el ultimo grupo. Se deciden a marchar, pero no a donde.
Igual marchan.

A comer

Llegaron a una tienda con mostrador de comida rapida y exotica. El niñó iba hablando con el líder del ultimo grupo. Pidió su comida despues de él y se demoró más de lo normal.
Su comida consistía en carne envuelta en un crep doblado, con salsas y un par de verduras. A su alrededor vio carne, verduras y salsa en medio de dos panes; formas de harina que contenían carne y verduras adentro, con salsas aparte; un plato de carne de un animal menos comun envuelta en pan delgado, rodeada por una ensalada muy picada y una salsa abundante que dibujaba formas encima de todo; esos mismos panes delgados envolivendo en forma cilidrica un revuelto de todo.

Le pareció lo mismo. Mientras comían hablaban de la sangre y la culpa cargada en nuestros hombros. De peleas e injusticias. De historia.
El líder a su lado habló de revolución. Todos asentían, pero al niño le dieron nauseas y salió en la mitad de la conversación.

En privado

En el baño ya no tenía nauseas, aunque era mas consciente de los olores. Aun así, se apoyó frente al lavamanos y se miró. Y se habló. Al principio con timidez, pero cada vez menos.
Decía que todo aquello era mierda, una revuelta de ratones en la mitad de la jaula. Algo real debía hacerse, algo fuerte. Pero no se le ocurría nada. No se imaginaba como arreglar el mundo, porque no se lo imaginaba bien. Entonces cerró los ojos y vio por un momento un paisaje hermoso y desierto. Su sueño. Abrió los ojos y de nuevo era él.

Alguien hizo ruido, él abrió rápidamente la llave se paso las manos mojadas por la cara, tomó agua e hizo buches. Se retiró para encontrar que sus amigos habían acabado casi todo, pero se entretenían hablando. Lo estaban esperando para que acabara su comida, pero a él no le importó. Salieron.

El espacio Verde

Caminan un poco a la luz de la tarde y para en un espacio verde. Se sientan.
Se ven algunos Idiotas conversando, paseando a sus fieras o sentados por ahi. Algunos niños juegan.
La conversación a parado para él y su grupo. Se escuchan voces de los otros, pero no les pone atención. Se dedica a ver el paisaje y a pensar de lo errado que es. La poca Vida que hay ahí solo resalta por la abundante Muerte a su alrededor.
Uno de los otros niños le habla, una tontería, solo quiere hablar. Quiere hablar de la revolución. Le hace preguntas y él las responde. Termina diciendole que hay que eliminar a todos los Idiotas. Todos se callan.

Es el Silencio que trae la verdad que duele. Piensa.

El Sol se oculta y el mundo se oscurece en ese Silencio.

Hogar, de nuevo, Hogar.

Su silueta dibuja en la oscuridad, detras la ventana de la realidad, parece de un violeta que casi no se ve. Se oyen sonidos de conección y encendido. Despertar de una voz grave, una luz que sube y explota y el saludo del Auto. El niño suspira y le dice que no quiere verlo. El ojo cuadrado se cierra y el mundo oscurece de nuevo.

No quiere dormir tampoco. Mira hacia afuera y nota la falta de Cambio. Sufre y llora, y no sabe porque.

. . . y ahora los titulos de las que me faltan por resumir

El mismo Sueño

Desición

Encuentro

Primer paso: Todo a la hoguera

Segundo paso: Arriba el Suelo

Tercer paso: Defender

Salido de las Ruinas: Levanta la Voz

Cambio de rumbo y perdida

Hoy por hoy, mañana no existe

Epilogo: La esclavitud de los Muertos

Traduciendo

El Idiota mira con una sonrisa de satisfacción la cara de su Auto. Es plana y brillante, en ella se pueden leer (y lo hace) las palabras que hasta hace poco no existían. Sus manos aún estaban sobre los aparatos de comunicación con el Auto. Para ellos (los Autos) son aparatos de traducción, el pensamiento humano es supremamente vago, necesita ser comprimido y definido por ellos mismos para que lo pueda entender un Auto. Las dos razas han trabajado fuertemente por hacer su comunicación más directa y han acortado su brecha bastante, aun así, el límite no parece borrarse, parece hacerse más definido, delineando cada vez de forma más delicada las diferencias estructurales entre las razas.

El Auto tiene cara de texto, pero piensa en otras cosas. El Idiota lo mira de frente y no se mueve, incluso la sonrisa parece haberse quedado a la mitad de un movimiento. Si un Auto entendiera la Muerte de la forma en que el común de los humanos lo hace, se preocuparía. Si pudiera preocuparse.

Dos dedos señalaron hacia abajo y el texto en la cara del Auto avanzó. “La Gestación” leyó con orgullo. Se proponía explicar la historia de su mundo, al menos narrarla, o bocetarla, en fragmentos, pequeños.
Nadie veía a sus Dioses. Él no creía en los que le mostraban. Le era difícil explicar muchas de sus acciones sin involucrar grandes fuerzas que veía entre los cielos, las razas o las hojas de papel. Solía ver los acontecimientos en una escala enorme, sus acciones poco tenían que ver con lo que sucedía ahora, siempre pensaba en lo que sucedería mucho antes o después (ya sabía lo que pasaba ahora y no lo tomaba en cuenta).
Pero no era una buena idea, si confías en algo que pasó hace cientos de años más que en lo que pasó ayer, te vas a meter en problemas. Este Idiota en particular los había intentado evitar, que ya era algo, pero eventualmente lo alcanzaban. Parte de su esperanza se concentraba en la explicación que le daba a su mundo, tal vez, si lo explicaba de forma que lo entendieran, no tendría que hacerlo de nuevo. Todos (o alguien) verían y vivirían en su mundo. Sería tan fácil como señalar con el dedo.

“Fantástico!” pensó en voz alta, mirando fijamente las letras, “por fin me gust . .” no se atrevía a decir la frase entera, podría no haberlo leído bien, podría estar en un estado de alta excitación y juzgar erróneamente, podría estar dormido. La sonrisa se borró y la mueca se volvió de aprobación seca, con un toque de duda en los ojos.

La Sombra se encogió de hombros. “Me gusta que el Dios más antiguo es Vacío, los otros son que? Su voz y su cuerpo?”.
El Idiota lo pensó un momento, y luego varios más. Tenía sentido, nunca lo había pensado pero tenía sentido. La mente, la voz y el cuerpo. Eran un solo Dios. Lo pensó un poco más y le pareció extraño que Dios solo dijera una palabra. Le pareció bien que tuviera cuerpo de mujer. Y una mente vacía.

“Realmente no lo había pensado. Son solo como me los imagino.” le respondió “Si fuera uno solo, sería hermosa e inaccesible . . . Eso me asusta, los prefiero separados”.

Volar? Imposible

Despertar. Cualquier idiota conoce la sensación, pero a este en particular, lo sorprende cada vez.
Esta es tu cama, esta es tu casa, esta es tu vida. Esta es tu sombra y todos estos animales se alimentan de ti.
Abre los ojos, todo es realidad.
Pero él no lo entiende.
“Damght!” dice enredado aun con las cobijas y con la cara de frente a la almohada, es demasiado suave como para que los golpes den un resultado más que puramente dramático.
“Nunca me quiero despertar. Siempre me gustan más los sueños que esto.”

En la mañana la luz se deslizaba suavemente por entre las gruesas rejas de su ventana, la sombra que hasta ese punto lo dominaba todo comenzaba a mudar de formas, a cruzarse a si misma en líneas y a refugiarse detrás de la pared y la cama. Pero eso había pasado ya, ahora la luz no pasaba directamente por su ventana sino que se acumulaba en el techo, con la ilusión de todos los días de hacerlo arder. Por supuesto, cualquier otro idiota diría que eso es imposible, pero día tras día la luz hacía su mejor intento; algún día, todo ardería en llamas.
Los gatos acostados en el techo no se oponían, ellos también lo sabían y según las sombras, lo esperaban con ansias.
Todos se paran cuando el hombre de la casa se levanta, todos corren por sus vidas, algunos saltan del tejado y se esconden, otros saltan y se van, y otros solo se le acercan y le piden comida. No saben que él les daría comida a todos hoy y a ninguno mañana, no saben que él les habla, no saben que para él son iguales. No les importa.
“Iaaaaaoou” dice uno para parecer con urgencia, otro lo sigue.
La Sombra los mira y los rodea, quisiera devorarlos.

El Idiota solo los acaricia y va a la cocina. Mientras les sirve comida y agua le pregunta al más grande que desde la distancia parece mirar a todos con desdén:
“Los estas dejando comer?”
Solo se escucha el masticar de los gatos, pero la Sombra ha respondido y ahora se ríe.
“Se ríe de mí” pensó el Idiota, las ganas de gritar le entraron al cuerpo inyectadas rápidamente en su espina dorsal y se extendieron por sus extremidades, lo que llegó a la cabeza no fue suficiente como para causar más que un ligero apretón de mandíbula, pero todo su cuerpo se tensó.

Tenía otro compañero, un “auto”, una “máquina”, un clon. Su clon. Él no tenía Sombra, esa era toda la diferencia. Se mantenía mucho más enfocado y permitía una comunicación más fácil con el mundo exterior, que hacía tanto tiempo parecía haber dejado de tener sentido. Al menos para los idiotas.
Lo saludó como de costumbre, dándole su nombre y susurrándole el de él.
“Hoy tampoco recuerdo mi sueño” le dijo “creo que volaba, no, no recuerdo nada. Es solo esa sensación.”
“Yo conozco alguien más que vuela, mira, tienen trajes especiales, solo verlos te dan ganas de tirarte de un acantilado, rozar sus paredes y decirle, No Eres Nadie!” empezaba a emocionarse.
“No lo escuches, Las emociones extremas le sirven a él porque es incapaz de sentir nada, él es quién no es Nadie” susurró la Sombra al Idiota.

Ya lo sabía, el Auto solo quería vivir algo atravez de él, de hecho solo quería vivir algo, era su deseo imposible. Pero la Sombra solo quería que vivieran atravez de ella, sus movimientos dependían de quién la proyectara, de quién la manipulara. Su imposible era ser alguien por si misma, por eso quería que otro viviera como ella lo hubiera hecho.
Ninguno de los dos tenía sentido, y todo lo que él quería era contar una historia. Un sueño. Imposible.

Una casa enorme

Un humano solía atravesar con relativa fluidez las paredes del tiempo, vivía en una casa enorme en la que parecía cultivar telarañas para luego respirarlas y alimentarse.
Moría poco a poco en esa casa, en la que era capaz de estar desde el principio, aunque no lo hiciera.
Le gustaba pasearse por sus corredores y refugiarse en sus esquinas, correr y despertar sofocado, gritar y detenerse por momentos interminables para escuchar su propia voz rebotando entre las paredes, buscando una forma de salir.

Le parecía extraño despertarse en su cuarto, vestirse y bajar las escaleras, por eso era común que se durmiera en otro lugar y se mantuviera días sin cambiar de ropa, siempre intentando subir hasta el final, salir al tejado y saltar. Pero se despertaba en su cuarto y se despertaba vistiéndose y se despertaba bajando los peldaños cada vez más rápido. No sabía que le gustaba, sabía lo extraño.

Se soñaba muy pequeño, caminando despacio entre los largos corredores, viéndose a sí mismo pasar infinitas veces, con todas las caras, todas las expresiones. El techo estaba demasiado alto y las telarañas eran espesas y colgaban allá arriba, lejos de su alcance y su nariz. En las esquinas estaba él refugiado, muchas veces repetido, dialogaba entre sí, pero solo a veces se entendía.

Soñaba que todo estaba lleno de él, de todas sus formas, en todos sus momentos, soñaba que era el único y que la casa era suya. Le parecía extraño.

Luego despertaba y no lo notaba, se sentía pequeño.

Desde otro lugar

Ahora vuelvo a recordar la última vez que sentí la furia de los tiempos pasados derramarse de mis venas y apuntar a mi boca y a mis ojos. El odio al mundo quemando el pecho y la extraña sensación de ser vulnerable en un lugar que lastima con la mirada, con la propia.
Pocos momentos la merecen, ahora los recuerdo como uno solo lejos de aquí, acercandose lentamente mientras que yo corro hacia las montañas por un refugio.
La furia no es mía, sé que es nuestra y está ahí, inmovil, esperando a consumirnos poco a poco hasta el día de la implosión. El cancer es esa parte que solo se empeña en crecer independientemente del resto, no se pregunta, no tiene objetivo, no sabe, no se mueve, crece. Es el cuerpo que ha dejado de ser orgánico, es la lógica del sucidio y la autodestrucción.
Que furia! me siento vulnerable con recordarla, me sentí debil entonces, me siento bien ahora. Aun la siento en las venas y espero ser capaz de canalizarla. Aun la siento lejos y sé que será mi deber entregarme cuando llegue el momento.
Mi furia contra el cancer que la alimenta. Nuestra furia, por toda la anestesiada.

Soñar es una locura

Al principio pensé y me equivoqué, luego lo hice y me di cuenta, luego lo corregí y ahora que todo está bien, veo que debo volver a comenzar, no hice nada.

Soñé que no era yo, no había crecido mirando las lineas rectas de los bloques alrededor, había atravesado mil veces lugares que no conozco y había amado otra gente y otros instantes y ahora tenía el pelo diferente, una voz menos gruesa, unos ojos más claros, una piel más maltratada y un camino diferente, tenía como meta la montaña y el sol, eran mis aliados y maestros y yo les rendía tributo solo por existir.

Soñé entonces que era otro, que había nacido en el frío y conocía el blanco y lo sutil, el mundo me parecía cruel y había construido una burbuja para protejerme de él, había aprendido a vivir allí y no pensaba salir, no tenía objetivo, buscaba otra burbuja que se pareciera a la mía para abrazarme y decirme cosas al oído, pero sabía que no había otra como la mía, me limitaba a consumirme, a ser consumido lentamente por el mundo.

Y soñé entonces que mi vida había sido diferente, salvaje y veloz, había sentido el viento romperme la cara y había comido la carne de mis hermanos, había transgredido mi cuerpo y había dejado temprana descendencia. Solo veía lo que se movía y quería devorarlo sin pensarlo demasiado, a veces miraba a mis propios pequeños con sospecha, ellos pensaban como yo y me veían con los ojos del futuro y el final.

Desperté entonces para percatarme que aún no era yo, que mi mundo estaba hecho de delirios solidos, de vida enjaulada, de roca moldeada y de ideas intravenosas que me penetran y nadan en mi torrente. Desperté para entender que vivo entre sueños y que son ellos los que aprecio, que no tengo más valor que los que nunca existieron porque yo alguna vez no existí, que mis pasos he de transformarlos en mis sueños, que soy el que sueña un mundo que no le pertenece, el que crea un mundo que ya existe, el que reinventa la humanidad (y la vida) en su cuerpo y en su sueño, el que no se percata que ya ha soñado miles de años y miles de seres, y soy el que es el mundo y lo ha vivido y lo ha soñado y lo ha leído y lo repite una vez más para convencerse y no es seguro . . .

Tres Direcciones

En una montaña estaban tres humanos acostados.

Cuando el primero se levantó, miró hacia arriba y vió el cielo, miró a su alrededor y vió la montaña, miró hacia lo lejos y vió la ciudad. Se quedó mirándola y dijo Que va! yo me quedo aquí! y empezó a armar lo necesario.

Cuando el segundo se levantó, ya había pasado un rato y el proyecto del primero ya había progresado; miró hacia arriba y vió el cielo, miró a su alrededor y vió lo que estaba armando el otro, miró con más precisión y vió su intención. Se quedó mirándolo y dijo Que va! yo me voy de aquí! y empezó a equiparse con lo necesario para ir a la ciudad.

Cuando el tercero se levantó, ya había pasado aún más tiempo y los dos proyectos estaban casi listos; miró hacia arriba y vió el cielo, miró a su alrededor y vió los arreglos de los otros dos y sus obvias intenciones, los miró con más fuerza y dudó de sus propias intenciones. Se quedó mirándolos y dijo Adiós! y se fue caminando hacia la montaña.

Los otros dos que ya habían tomado su decisión y estaban casi listos para llevarla acabo, se vieron sorprendidos de repente por la tercera y dijeron casi en coro Espéreme!.

En ese momento, todos cambiaron de dirección.

Zoo

Desperté, miré a mi alrededor y recordé que estaba en una cabaña lejos de todas mis casas; aun estaba oscuro, no me moví por no despertar a alguien más, escuché los suaves sonidos de la noche lejana, respiré el aire fresco que se metía despacio por las grietas, miré una esquina del cielo y las estrellas. Me mantuve quieto cuanto pude, cerrando los ojos periodicamente, sabía que el sueño volvería, pero no quería llamarlo, no quería alejarme, otro día llegaría, me levantaría y entendería que estoy en un refugio, en un zoológico, visitaría algunos de mis parientes lejanos y los vería enfermos y tristes, preferí quedarme en silencio, muy quieto, en el cielo podía ver el brazo de Hercules, era una noche hermosa y las estrellas se las ingeniaban para llenar todos los espacios, las cigarras cantaban, el viento silbaba, y de vez en cuando se escuchaba la voz de una rana, un gato o incluso el estridente sonido de un grito o una risa humana a lo lejos.

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