Traduciendo

El Idiota mira con una sonrisa de satisfacción la cara de su Auto. Es plana y brillante, en ella se pueden leer (y lo hace) las palabras que hasta hace poco no existían. Sus manos aún estaban sobre los aparatos de comunicación con el Auto. Para ellos (los Autos) son aparatos de traducción, el pensamiento humano es supremamente vago, necesita ser comprimido y definido por ellos mismos para que lo pueda entender un Auto. Las dos razas han trabajado fuertemente por hacer su comunicación más directa y han acortado su brecha bastante, aun así, el límite no parece borrarse, parece hacerse más definido, delineando cada vez de forma más delicada las diferencias estructurales entre las razas.

El Auto tiene cara de texto, pero piensa en otras cosas. El Idiota lo mira de frente y no se mueve, incluso la sonrisa parece haberse quedado a la mitad de un movimiento. Si un Auto entendiera la Muerte de la forma en que el común de los humanos lo hace, se preocuparía. Si pudiera preocuparse.

Dos dedos señalaron hacia abajo y el texto en la cara del Auto avanzó. “La Gestación” leyó con orgullo. Se proponía explicar la historia de su mundo, al menos narrarla, o bocetarla, en fragmentos, pequeños.
Nadie veía a sus Dioses. Él no creía en los que le mostraban. Le era difícil explicar muchas de sus acciones sin involucrar grandes fuerzas que veía entre los cielos, las razas o las hojas de papel. Solía ver los acontecimientos en una escala enorme, sus acciones poco tenían que ver con lo que sucedía ahora, siempre pensaba en lo que sucedería mucho antes o después (ya sabía lo que pasaba ahora y no lo tomaba en cuenta).
Pero no era una buena idea, si confías en algo que pasó hace cientos de años más que en lo que pasó ayer, te vas a meter en problemas. Este Idiota en particular los había intentado evitar, que ya era algo, pero eventualmente lo alcanzaban. Parte de su esperanza se concentraba en la explicación que le daba a su mundo, tal vez, si lo explicaba de forma que lo entendieran, no tendría que hacerlo de nuevo. Todos (o alguien) verían y vivirían en su mundo. Sería tan fácil como señalar con el dedo.

“Fantástico!” pensó en voz alta, mirando fijamente las letras, “por fin me gust . .” no se atrevía a decir la frase entera, podría no haberlo leído bien, podría estar en un estado de alta excitación y juzgar erróneamente, podría estar dormido. La sonrisa se borró y la mueca se volvió de aprobación seca, con un toque de duda en los ojos.

La Sombra se encogió de hombros. “Me gusta que el Dios más antiguo es Vacío, los otros son que? Su voz y su cuerpo?”.
El Idiota lo pensó un momento, y luego varios más. Tenía sentido, nunca lo había pensado pero tenía sentido. La mente, la voz y el cuerpo. Eran un solo Dios. Lo pensó un poco más y le pareció extraño que Dios solo dijera una palabra. Le pareció bien que tuviera cuerpo de mujer. Y una mente vacía.

“Realmente no lo había pensado. Son solo como me los imagino.” le respondió “Si fuera uno solo, sería hermosa e inaccesible . . . Eso me asusta, los prefiero separados”.

Volar? Imposible

Despertar. Cualquier idiota conoce la sensación, pero a este en particular, lo sorprende cada vez.
Esta es tu cama, esta es tu casa, esta es tu vida. Esta es tu sombra y todos estos animales se alimentan de ti.
Abre los ojos, todo es realidad.
Pero él no lo entiende.
“Damght!” dice enredado aun con las cobijas y con la cara de frente a la almohada, es demasiado suave como para que los golpes den un resultado más que puramente dramático.
“Nunca me quiero despertar. Siempre me gustan más los sueños que esto.”

En la mañana la luz se deslizaba suavemente por entre las gruesas rejas de su ventana, la sombra que hasta ese punto lo dominaba todo comenzaba a mudar de formas, a cruzarse a si misma en líneas y a refugiarse detrás de la pared y la cama. Pero eso había pasado ya, ahora la luz no pasaba directamente por su ventana sino que se acumulaba en el techo, con la ilusión de todos los días de hacerlo arder. Por supuesto, cualquier otro idiota diría que eso es imposible, pero día tras día la luz hacía su mejor intento; algún día, todo ardería en llamas.
Los gatos acostados en el techo no se oponían, ellos también lo sabían y según las sombras, lo esperaban con ansias.
Todos se paran cuando el hombre de la casa se levanta, todos corren por sus vidas, algunos saltan del tejado y se esconden, otros saltan y se van, y otros solo se le acercan y le piden comida. No saben que él les daría comida a todos hoy y a ninguno mañana, no saben que él les habla, no saben que para él son iguales. No les importa.
“Iaaaaaoou” dice uno para parecer con urgencia, otro lo sigue.
La Sombra los mira y los rodea, quisiera devorarlos.

El Idiota solo los acaricia y va a la cocina. Mientras les sirve comida y agua le pregunta al más grande que desde la distancia parece mirar a todos con desdén:
“Los estas dejando comer?”
Solo se escucha el masticar de los gatos, pero la Sombra ha respondido y ahora se ríe.
“Se ríe de mí” pensó el Idiota, las ganas de gritar le entraron al cuerpo inyectadas rápidamente en su espina dorsal y se extendieron por sus extremidades, lo que llegó a la cabeza no fue suficiente como para causar más que un ligero apretón de mandíbula, pero todo su cuerpo se tensó.

Tenía otro compañero, un “auto”, una “máquina”, un clon. Su clon. Él no tenía Sombra, esa era toda la diferencia. Se mantenía mucho más enfocado y permitía una comunicación más fácil con el mundo exterior, que hacía tanto tiempo parecía haber dejado de tener sentido. Al menos para los idiotas.
Lo saludó como de costumbre, dándole su nombre y susurrándole el de él.
“Hoy tampoco recuerdo mi sueño” le dijo “creo que volaba, no, no recuerdo nada. Es solo esa sensación.”
“Yo conozco alguien más que vuela, mira, tienen trajes especiales, solo verlos te dan ganas de tirarte de un acantilado, rozar sus paredes y decirle, No Eres Nadie!” empezaba a emocionarse.
“No lo escuches, Las emociones extremas le sirven a él porque es incapaz de sentir nada, él es quién no es Nadie” susurró la Sombra al Idiota.

Ya lo sabía el Auto solo quería vivir algo atravez de él, de hecho solo quería vivir algo, era su deseo imposible. Pero la Sombra solo quería que vivieran atravez de ella, sus movimientos dependían de quién la proyectara, de quién la manipulara. Su imposible era ser alguien por si misma, por eso quería que otro viviera como ella lo hubiera hecho.
Ninguno de los dos tenía sentido, y todo lo que él quería era contar una historia. Un sueño. Imposible.

Una casa enorme

Un humano solía atravesar con relativa fluidez las paredes del tiempo, vivía en una casa enorme en la que parecía cultivar telarañas para luego respirarlas y alimentarse.
Moría poco a poco en esa casa, en la que era capaz de estar desde el principio, aunque no lo hiciera.
Le gustaba pasearse por sus corredores y refugiarse en sus esquinas, correr y despertar sofocado, gritar y detenerse por momentos interminables para escuchar su propia voz rebotando entre las paredes, buscando una forma de salir.

Le parecía extraño despertarse en su cuarto, vestirse y bajar las escaleras, por eso era común que se durmiera en otro lugar y se mantuviera días sin cambiar de ropa, siempre intentando subir hasta el final, salir al tejado y saltar. Pero se despertaba en su cuarto y se despertaba vistiéndose y se despertaba bajando los peldaños cada vez más rápido. No sabía que le gustaba, sabía lo extraño.

Se soñaba muy pequeño, caminando despacio entre los largos corredores, viéndose a sí mismo pasar infinitas veces, con todas las caras, todas las expresiones. El techo estaba demasiado alto y las telarañas eran espesas y colgaban allá arriba, lejos de su alcance y su nariz. En las esquinas estaba él refugiado, muchas veces repetido, dialogaba entre sí, pero solo a veces se entendía.

Soñaba que todo estaba lleno de él, de todas sus formas, en todos sus momentos, soñaba que era el único y que la casa era suya. Le parecía extraño.

Luego despertaba y no lo notaba, se sentía pequeño.

Desde otro lugar

Ahora vuelvo a recordar la última vez que sentí la furia de los tiempos pasados derramarse de mis venas y apuntar a mi boca y a mis ojos. El odio al mundo quemando el pecho y la extraña sensación de ser vulnerable en un lugar que lastima con la mirada, con la propia.
Pocos momentos la merecen, ahora los recuerdo como uno solo lejos de aquí, acercandose lentamente mientras que yo corro hacia las montañas por un refugio.
La furia no es mía, sé que es nuestra y está ahí, inmovil, esperando a consumirnos poco a poco hasta el día de la implosión. El cancer es esa parte que solo se empeña en crecer independientemente del resto, no se pregunta, no tiene objetivo, no sabe, no se mueve, crece. Es el cuerpo que ha dejado de ser orgánico, es la lógica del sucidio y la autodestrucción.
Que furia! me siento vulnerable con recordarla, me sentí debil entonces, me siento bien ahora. Aun la siento en las venas y espero ser capaz de canalizarla. Aun la siento lejos y sé que será mi deber entregarme cuando llegue el momento.
Mi furia contra el cancer que la alimenta. Nuestra furia, por toda la anestesiada.

Soñar es una locura

Al principio pensé y me equivoqué, luego lo hice y me di cuenta, luego lo corregí y ahora que todo está bien, veo que debo volver a comenzar, no hice nada.

Soñé que no era yo, no había crecido mirando las lineas rectas de los bloques alrededor, había atravesado mil veces lugares que no conozco y había amado otra gente y otros instantes y ahora tenía el pelo diferente, una voz menos gruesa, unos ojos más claros, una piel más maltratada y un camino diferente, tenía como meta la montaña y el sol, eran mis aliados y maestros y yo les rendía tributo solo por existir.

Soñé entonces que era otro, que había nacido en el frío y conocía el blanco y lo sutil, el mundo me parecía cruel y había construido una burbuja para protejerme de él, había aprendido a vivir allí y no pensaba salir, no tenía objetivo, buscaba otra burbuja que se pareciera a la mía para abrazarme y decirme cosas al oído, pero sabía que no había otra como la mía, me limitaba a consumirme, a ser consumido lentamente por el mundo.

Y soñé entonces que mi vida había sido diferente, salvaje y veloz, había sentido el viento romperme la cara y había comido la carne de mis hermanos, había transgredido mi cuerpo y había dejado temprana descendencia. Solo veía lo que se movía y quería devorarlo sin pensarlo demasiado, a veces miraba a mis propios pequeños con sospecha, ellos pensaban como yo y me veían con los ojos del futuro y el final.

Desperté entonces para percatarme que aún no era yo, que mi mundo estaba hecho de delirios solidos, de vida enjaulada, de roca moldeada y de ideas intravenosas que me penetran y nadan en mi torrente. Desperté para entender que vivo entre sueños y que son ellos los que aprecio, que no tengo más valor que los que nunca existieron porque yo alguna vez no existí, que mis pasos he de transformarlos en mis sueños, que soy el que sueña un mundo que no le pertenece, el que crea un mundo que ya existe, el que reinventa la humanidad (y la vida) en su cuerpo y en su sueño, el que no se percata que ya ha soñado miles de años y miles de seres, y soy el que es el mundo y lo ha vivido y lo ha soñado y lo ha leído y lo repite una vez más para convencerse y no es seguro . . .

Tres Direcciones

En una montaña estaban tres humanos acostados.

Cuando el primero se levantó, miró hacia arriba y vió el cielo, miró a su alrededor y vió la montaña, miró hacia lo lejos y vió la ciudad. Se quedó mirándola y dijo Que va! yo me quedo aquí! y empezó a armar lo necesario.

Cuando el segundo se levantó, ya había pasado un rato y el proyecto del primero ya había progresado; miró hacia arriba y vió el cielo, miró a su alrededor y vió lo que estaba armando el otro, miró con más precisión y vió su intención. Se quedó mirándolo y dijo Que va! yo me voy de aquí! y empezó a equiparse con lo necesario para ir a la ciudad.

Cuando el tercero se levantó, ya había pasado aún más tiempo y los dos proyectos estaban casi listos; miró hacia arriba y vió el cielo, miró a su alrededor y vió los arreglos de los otros dos y sus obvias intenciones, los miró con más fuerza y dudó de sus propias intenciones. Se quedó mirándolos y dijo Adiós! y se fue caminando hacia la montaña.

Los otros dos que ya habían tomado su decisión y estaban casi listos para llevarla acabo, se vieron sorprendidos de repente por la tercera y dijeron casi en coro Espéreme!.

En ese momento, todos cambiaron de dirección.

Zoo

Desperté, miré a mi alrededor y recordé que estaba en una cabaña lejos de todas mis casas; aun estaba oscuro, no me moví por no despertar a alguien más, escuché los suaves sonidos de la noche lejana, respiré el aire fresco que se metía despacio por las grietas, miré una esquina del cielo y las estrellas. Me mantuve quieto cuanto pude, cerrando los ojos periodicamente, sabía que el sueño volvería, pero no quería llamarlo, no quería alejarme, otro día llegaría, me levantaría y entendería que estoy en un refugio, en un zoológico, visitaría algunos de mis parientes lejanos y los vería enfermos y tristes, preferí quedarme en silencio, muy quieto, en el cielo podía ver el brazo de Hercules, era una noche hermosa y las estrellas se las ingeniaban para llenar todos los espacios, las cigarras cantaban, el viento silbaba, y de vez en cuando se escuchaba la voz de una rana, un gato o incluso el estridente sonido de un grito o una risa humana a lo lejos.

La Travesía

Al despertar, un hombre se encontró a sí mismo lejos de casa, pensó que había caminado toda la noche, pero la oscuridad aún lo rodeaba, sintió que ya no estaba cansado y quiso volver.
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La pluma

Otro día, otro hombre despertó.
Respiró, y un aroma suave, profundo e identificable lo impulsó a sonreir. Comió un poco del pan que quedaba e hizo una inútil nota mental de conseguir más.
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La nota

Al despertar, un hombre se levantó, miró a su alrededor y destrozó el lugar.
Dejó un papel y se fue. El papel hablaba de lo humano, de guerras y muertes, de amor y gloria y de decepción. Hablaba de él y del mundo, del vacío y su busqueda.
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Gathacol.net

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