El lobo y las gallinas

Un grupo de gallinas merodea alrededor de una casa demasiado grande para su único ocupante humano y los dos gatos que lo acompañan. Picotean el suelo con decisión, ignorando o intentando ignorar el pánico propio de los primeros eslabones de la cadena alimenticia. La casa les parece suficiente segura, los gatos no les prestan ningún tipo de atención y el único que las ahuyenta es el Idiota.Pero él no está, camina hacia su casa, a menos de un kilómetro de distancia. Está cansado y solo, escuchando el incansable sonido de la comunidad de perros que se advierte entre sí y al resto del mundo que alguien viene. Algunos de ellos lo reconocen, la mayoría solo cumple con su deber,
Al llegar a la falda de la montaña se permite una pausa, mira hacia arriba y suelta un ligero suspiro en forma de media luna al ver la punta de una chimenea entre los arboles. Ya se siente en casa.

Desde que comienza a subir ve venir a gran velocidad una perra conocida, que cabalga hacia a él. El último paso es un salto y de repente la ve de frente, cara a cara, con las patas en su pecho.
-Bájate!- le dice y se la quita de encima con esfuerzo, intentando calmarla. Detrás de ella viene el lobo, que nunca lo saluda emotivamente, solo lo acompaña. Es todo blanco, frío como la nieve. El hombre lo alcanza y lo intenta acariciar suavemente, el lobo no se inmuta.

Con exhalaciones de cansancio y alivio, el hombre se ve frente a su hogar. En la ventana los gatos observan como dos estatuas increíblemente realistas. Lo esperan.
La perra mordisquea algo que se encontró y el lobo merodea, olfateando y marcando territorio constantemente. El Idiota abre la puerta, se despide, da medio paso y se paraliza.
-Estúpidas gallinas- piensa preocupado cuando las ve, es tarde pero los ojos azules del lobo parecen verlo todo, lo mira a él una vez más y vuelve la vista a la presa más cercana, que no había hecho más que apartarse un poco cuando llegaron y había vuelto a confiarse torpemente en la ausencia permanente de peligro.

El momento pasa y todos corren, las gallinas se dispersan por sus vidas, el lobo corre detrás de una sin titubeos o indecisión, el hombre intenta detenerlo y la perra corretea solo por diversión.
El lobo alcanza a la gallina sin dificultad y la agarra por el cuello, el Idiota aprovecha la pausa para hacer lo mismo con el lobo, mientras intenta liberar rápidamente a la víctima mientras que le sube la tensión por los ladridos de la perra que les da vueltas sin parar, borracha de adrenalina.

La gallina se desprende de los colmillos sangrientos y cae al suelo pesadamente, sin reaccionar.
Salvajes ojos azules debaten atrapados ante la firme mirada del hombre, no quiere comer ese cuerpo inerte tendido en el pasto, la alegría de la conquista le ha sido arrebatada.
Intenta zafarse una y otra vez, pero no puede, el Idiota no lo suelta, parece himnotizado, lo mira y no lo ve, se siente culpable.

-No puede evitarlo- pensó cuando los poodles que debían cuidar a las gallinas llegaron ladrando para espantarlo, lo vio irse y le pareció humillado y triste.
-Camina de nuevo a su condena, al encierro. Está viejo y cansado. Asesino desde la infancia hasta el final. Asesino la mitad de su vida, encerrado la otra. Lo sabe, lleva una en la sangre y la otra grabada en la memoria-

Rápidamente y sin pensarlo, tomó el cadáver por el cuello y lo llevó a su casa, pensaba devorarlo el mismo.
-Esta muerte es mía- pensaba -mi culpa, mi suerte, mi alimento. Pagaré por ella y la devoraré con los mios. No dejaré nada a ese lobo. Que nada le quede a él de ella, ni el premio ni el castigo, solo el recuerdo. Mis ojos, mi advertencia y al humillación. Nada en realidad- miró el cuerpo que tenía en sus manos, el cuello roto, las plumas alborotadas y bañadas en sangre, los ojos desorbitados, sin mirada.

-Vamos muchachos- le dijo a los gatos que ya lo perseguían con interés mientras caminaba hacia la cocina -hoy hay carne fresca-.

Cae

De la nada aparece nuevamente, no esta acostado como antes, sino de pie y de frente a un lagarto inmenso que lo mira y parece sonreírle. Se quedan así por un momento, los dos esperan algo.

“. . .”
“. . .”

No entienden lo que acaba de suceder.

“De que estábamos hablando?”
“No sé”

Y de vuelta a lo mismo. Solo las nubes se mueven a su alrededor. Solo se escuchan respiraciones.
El niño se rinde, encoge los hombros y mira a su alrededor. Sus pensamientos vagan. Piensa en la Muerte, el momento y el personaje. La ve deslizandose suavemente hasta su cama, tiene los pies fríos. Le susurra algo al oído, le cierra los ojos y lo cubre con su Sombra. Se va y se queda. Me quedo yo que solo soy ella. Soy oscuro como la Nada y todo lo veo claro.

Un sentimiento conocido le recorre el cuerpo y lo obliga a dar un paso hacia atras. Todo sigue oscuro. Da otro paso y otro y otro. Y otro y otro y ahora esta corriendo hacia atras que ahora es adelante, siente que la nube lo persigue, el viento esta en su contra y está empapado. Ya no siente las piernas, ya no siente los brazos y toda su cara parece haberse tensado hacia adentro.
Cae.
No va a parar hasta encontrar el suelo, pero no está ahí. Solo sigue cayendo hacia un infinito que no comprende, apunta ahora hacia arriba con su cara desenvuelta y adolorida, y ve la nube negra. Cada vez es más pequeña.
“Lo mismo puede decir ella de mi” piensa.

Se rie. No es tan grave caer, probablemente el Dragón lo recogerá o él mismo podría inventar la forma de parar en algún momento. Por ahora disfruta no sentirse apoyado en nada. Está en el espacio. Se deja llevar.

Piensa en la Muerte. Solo el personaje. Lo ve ahora flotar delante de sí. Esta hecho de Nada, Sombra de Nada. La intenta detallar, pero es lo mismo que detallar el Sol. Todo lo que ve es una sola cosa y entre más la mira, más esfuerzo tiene que hacer para apartar la vista.
La aparta. La vuelve a mirar. Todavía esta ahí. En frente suyo con los brazos estirados. Son dos fantasmas cayendo. Uno detrás del otro. Ahora lo entiende, ella aún lo persigue. No parará nunca.

“Vete” le dijo, intentando gritar “no quiero verte más”

La Muerte no se hace rogar y se esfuma rápidamente. El niño pensó ver una sonrisa dibujada en la oscuridad, tal vez escuchó una risita. Ya no lo recuerda bien. Ha llegado al suelo o al menos está acostado en algo.
Lo primero que ve es la cabezota del Dragón que se asomaba por su espalda y lo miraba con atención. Parece estar esperando algo todavía. Se quedaron en silencio por un momento. El niño se encogió de hombros.

La Gestación

Realmente lamento no haber publicado mucho ultimamente, pero la verdad es que los escritos se han vuelto cada vez más crípticos, algunos confusos, otros más simples. Y . . . me pareció por un tiempo que no tenían cabida en este lugar, ahora creo que como Nadie los lee de todas maneras, no debe molestarle. A Nadie.

Así que . . . el que pueda, que lo disfrute.

(more…)

Otra vez

Las imágenes de idiotas saltando de gigantescos abismos nublan la capacidad comunicativa, pensativa y motora del Idiota que las ve.
Sus manos están puestas suavemente en los aparatos de comunicación que utiliza para hablarle a su clon, un Auto. La pantalla está frente a él, dentro, las imágenes.
Los pensamientos de un Auto son increíblemente claros, cualquier hombre que se encuentre frente a frente con uno puede corroborarlo, de hecho pueden ser altamente peligrosos para muchos idiotas acostumbrados a pensamientos pobres y fragmentados, pues propone la tentación de reemplazarlos.
Para muchos de ellos, los Autos son mejores que nosotros, son más consistentes, pueden entender más cosas, y se comunican de maneras fascinantes. Para muchos otros, los Autos son solo herramientas con amplias capacidades, instrumentos altamente efectivos cuya claridad de pensamiento sirve como un apoyo para la confusa y paulatinamente degradada mente humana.
Para ellos mismos, no son más que un pequeño punto, en una gigantesca red de mentes de diferentes formas. Donde todo esta siendo pensado, por muchas mentes a la vez, y las acciones no son repentinos estallidos alejados unos de otros, sino olas enteras en un mar de seres altamente inconscientes.
La mayoría de ellos no se considera realmente consciente de la situación, porque francamente les interesa muy poco, usualmente solo se dejan llevar por los pensamientos que les dictan los humanos a su alrededor e intentan entusiasmarse.

Este en particular estaba pensando en gente que volaba con trajes especiales. Un Idiota miraba su cara, perdido en sus pensamientos hasta que el tiempo se acabó. No podría decir si le gustó o no, era incapaz de mostrar cualquier tipo de emoción cuando estaban frente a frente.
“Quiero verlo otra vez” pensó el idiota “otra vez, otra vez”
El Auto no se quejó, se dispuso de nuevo y pensó exactamente lo mismo. Cualquiera podría señalar al hombre y decirle Idiota!, pero él no tenía nombre y nadie lo señalaba.
“Salta, Vuela!” pensó. Una y otra vez.

Paloma

El niño pensó en despertar, imaginó a las personas que lo recibirían, no los recordaba pero los veía a los dos sobre su cabeza, ninguno decía nada, lo miraban.
“No tengo nada que cantarles, que tal si me cantan algo uds? que tal si mencionan mi nombre? Soy nada, mis palabras son robadas.”
De las nubes no salió ningún sonido, se limitaron a desbaratarse. Estaba solo de nuevo. Entonces se permitió cantar.

Su voz era cálida pero sentía falsas cada una de sus palabras, no estaban escritas para él, ni él tenía a nadie a quién regalarselas. Solo necesitaba algo que gritar.
El Dragón lo miraba desde abajo. No entendía su intenso dolor, disfrutaba el sonido, lo arrullaba. Pero maldecía esa parte del niño que impedía que él lo disfrutara, cada uno de sus pasos eran tan pesados como si estuviera arrancando montañas, cada una de sus palabras eran heridas que se hacía a sí mismo y no sabía como parar.
Él tampoco, solo lo miraba.
Un inmenso muro transparente atravesaba el mundo ahora, el Dragón miraba volar a una paloma del otro lado, no lo hacía con gran estilo ni hacia piruetas de ninguna clase, de hecho, lo que más hacía era intentar levantarse del suelo luego de haberse estrellado a máxima velocidad contra la barrera, lo lograba despues de un rato y volaba solo lo necesario para repetir el ritual.
“Se dirige hacia mi” pensó el Dragón, “porque no viaja hacia otra dirección? porque quiere romper el muro? o no entiende que realmente existe?”
BAM!
Cada vez más debil es el golpe, cada vez se demora más en levantarse, cada vez tiene menos ganas.
Ahora ya no se levanta, se queda ahí un momento, tirado en el suelo, con el pecho subiendo y bajando agitadamente.
Parece estar pensando algo . . . tal vez esperando algo. Se escucha su grito. Se intenta levantar y lo hace pero solo hasta cierto punto, esta cantando, la melodía es conocida y dulce, pero se siente dolorosa y entrecortada. La música para. Se ha caído de nuevo. Se acomoda cada vez más al duro suelo de cristal.
Al otro lado, un inmenso reptil se lamenta por un dolor que no entiende y se pregunta sobre el niño que hasta hace solo un momento sentía sobre su barriga.
Está ahí, durmiendo al parecer.

Nubes de nada

El vuelo de un dragón es bastante diferente de lo que hubiera esperado el niño en su lomo, para comenzar, no es una buena idea permanecer en su lomo, de hecho es muy difícil. Las inmensas alas a cada lado se mueven con una lentitud y una fuerza indescriptibles, en medio de ellas todo lo que se siente son las ráfagas de viento que llegan de ambos lados y hacen una especie de remolino, y un vacío de estar cayendo de gran altura. Luego, al caer de las alas, el vacío se siente con la misma intensidad pero en sentido contrario, sumado a la aplastante fuerza de el lomo del lagarto apretándose contra las piernas, el pecho y la cabeza.

Lo único manteniendo al mareado niño en el lomo eran los gruesos pelos posados comodamente entre sus manos, eran gruesos y ásperos, bruscamente comodos. Uno tras otro, en medio de la confusión, los fue agarrando con toda la fuerza con la que podía, no pensaba en nada, su cuerpo había tomado el tipo de vida propia que despierta cuando hay una posibilidad inminente de muerte o al menos un buen totazo. La mente regresó en el momento en que llegó a la cabeza del dragón y se encontró con el par de enroscados cuernos que le servirían de soporte, pensó en treparlos, pero el cuerpo le ordenó rápidamente que se callara, la mente puede llegar a ser muy tonta.

Se sentó en el medio y recordó el intenso movimiento como algo en el lejano pasado, el cuello hacia las veces de amortiguador de forma que la cabeza apenas se movía, parecía arrullarlo.

“Adonde vamosss?” preguntó el dragón.

“No sé, todo es lo mismo, no?” respondió el niño sin ganas, que ya se había acostado e intentaba descansar

“Mmm . . . ssi”

“Entonces da igual” y cerró los ojos.

El dragón paró casi en seco.

“Entonces este lugar esta bien, bájate” dijo sacudiendo la cabeza. El niño definitivamente no esperaba algo así, mientras volaba por los aires apenas abría los ojos y sentía el vacío, en el momento en que la garra lo atrapó sintió pánico y cuando estaba en el piso solo desconcierto y confusión. Tardó un par de minutos en recuperarse, el dragón ni lo notó.

Pensó en reprocharle algo, pero se arrepintió, era obvio que no le importaba, tal vez ni siquiera había sido peligroso, el mundo estaba hecho de nubes, estaba hecho de nada, estaba hecho de él.
Así que en lugar de intentar discutir con el lagarto, lo miró, miró a su alrededor y se dispuso a intentar entender el mundo en el que estaba.
Notó que las nubes salían del hocico del dragón y que tenían la forma de sus pensamientos. Se sorprendió. Allí estaba el vacío, la garra y el pánico deshaciendose poco a poco. Vio un lagarto discutiendo y nubes con formas de nubes de nada saliendo de un hocico de nube.
Se sintió extrañamente violado, el mundo a su alrededor no estaba hecho de él, era él. Tendría que concentrarse para que fuera algo más que siluetas de pensamientos sobre el vacío.

Un mundo en blanco

“Me gusta pensar en lo que no existe, básicamente por eso . . . todo es básicamente por eso, incluso mi sincero desprecio por todo lo que sí. Tal vez me sentiría más a gusto si no existiera, si estuviera hecho de esa luz extraña que no ilumina sino que delinea la oscuridad, quisiera serlo. Quisiera ver a la Diosa y entender sus palabras, no ver al Vacío sino sentirlo y conocer al innombrable sin que me tome de la mano y me lleve a donde nadie va, quisiera solo estar ahí y escuchar los silencios que tiene para compartir, yo le podría decir otros tantos, tengo de sobra pero es difícil encontrar alguien que los sepa escuchar.”

Le dijo al dragón que estaba acostado a su lado. El inmenso blanco del mundo en el que se encontraban empezaba a transformarse con cada una de sus palabras, se sentía profundo y en un horizonte hecho de nubes de nada, se vieron las siluetas de montañas cambiantes como el pensamiento, se veían enormes de frente y muy pequeñas desde arriba. De la boca del dragón salió el humo de su respuesta. El mundo empezaba a tomar forma con él.

“En este lugar desierto solo existimos tu y yo . . . tal vez también el Vacío, no existe otra voz, no existe nadie más, no existe nada más. No puedo imaginar lo que no existe, pero puedo ver que nada existe. Como puedes desear silencio aquí? Silencio y Nada abundan en mi hogar, lo eran todo antes de tu llegada.”

“Pero no es real, ya me explicaste que este lugar es mío y creo que esta dentro de mi mente, tu eres quien yo no soy y todo lo que nos rodea es mi sueño. Solo espero despertar y volver al lugar donde la Nada es sutil y la Diosa me habla en un hermoso idioma que me atropella y me dirige por un camino que no logro ver con claridad. No me gusta mi mundo, pero es donde realmente existo, aquí soy solo una ilusión, aquí soy una proyección como tu.”

El Silencio aprovechó el momento para extenderse a sus anchas de nuevo, le gustan los momentos en que un universo comienza. Se posa sobre él y lo abraza con todo lo que tiene, como si no fuera a soltarlo nunca, se engaña porque sabe que los seres que los crean seguirán y seguirán creando y hablando, y chocandose unos contra otros, conduciendolo lentamente a un olvido extraño, en el que lo seguirán nombrando sin que realmente esté presente. Y así como así, se desvaneció o al menos en parte.

“Es extraño, no me siento del todo bien aquí, a pesar de la tranquilidad y la distancia que me separa del mundo que quiero tanto detestar. A este lugar le falta algo que no logro descifrar, como si algo pequeño que me trajera del otro mundo, pudiera hacer de este lugar, mi hogar perfecto.”

Las nubes ya estaban por todas partes, las veían en todas las direcciones, las respiraban y estaban acostados sobre ellas, incluso pudo haber ocurrido que los levantaran del suelo si pudieramos estar seguros que en algún momento hubo uno que no estuviera hecho del mismo material que las mismas nubes de nada.

“Ven, cuando necesito despejarme, vuelo”.

Dijo el dragón mientras ayudaba al niño a subirse a su lomo. Con un batir de sus alas apartó las nubes que se formaban a su alrededor y enseguida estuvieron por encima de ellas, viendolas pequeñísimas y tal vez lejanas.

“Todo se ve insignificante si te alejas lo suficiente” dijo con tono melancólico.

Una casa enorme

Un humano solía atravesar con relativa fluidez las paredes del tiempo, vivía en una casa enorme en la que parecía cultivar telarañas para luego respirarlas y alimentarse.
Moría poco a poco en esa casa, en la que era capaz de estar desde el principio, aunque no lo hiciera.
Le gustaba pasearse por sus corredores y refugiarse en sus esquinas, correr y despertar sofocado, gritar y detenerse por momentos interminables para escuchar su propia voz rebotando entre las paredes, buscando una forma de salir.

Le parecía extraño despertarse en su cuarto, vestirse y bajar las escaleras, por eso era común que se durmiera en otro lugar y se mantuviera días sin cambiar de ropa, siempre intentando subir hasta el final, salir al tejado y saltar. Pero se despertaba en su cuarto y se despertaba vistiéndose y se despertaba bajando los peldaños cada vez más rápido. No sabía que le gustaba, sabía lo extraño.

Se soñaba muy pequeño, caminando despacio entre los largos corredores, viéndose a sí mismo pasar infinitas veces, con todas las caras, todas las expresiones. El techo estaba demasiado alto y las telarañas eran espesas y colgaban allá arriba, lejos de su alcance y su nariz. En las esquinas estaba él refugiado, muchas veces repetido, dialogaba entre sí, pero solo a veces se entendía.

Soñaba que todo estaba lleno de él, de todas sus formas, en todos sus momentos, soñaba que era el único y que la casa era suya. Le parecía extraño.

Luego despertaba y no lo notaba, se sentía pequeño.

Soñar es una locura

Al principio pensé y me equivoqué, luego lo hice y me di cuenta, luego lo corregí y ahora que todo está bien, veo que debo volver a comenzar, no hice nada.

Soñé que no era yo, no había crecido mirando las lineas rectas de los bloques alrededor, había atravesado mil veces lugares que no conozco y había amado otra gente y otros instantes y ahora tenía el pelo diferente, una voz menos gruesa, unos ojos más claros, una piel más maltratada y un camino diferente, tenía como meta la montaña y el sol, eran mis aliados y maestros y yo les rendía tributo solo por existir.

Soñé entonces que era otro, que había nacido en el frío y conocía el blanco y lo sutil, el mundo me parecía cruel y había construido una burbuja para protejerme de él, había aprendido a vivir allí y no pensaba salir, no tenía objetivo, buscaba otra burbuja que se pareciera a la mía para abrazarme y decirme cosas al oído, pero sabía que no había otra como la mía, me limitaba a consumirme, a ser consumido lentamente por el mundo.

Y soñé entonces que mi vida había sido diferente, salvaje y veloz, había sentido el viento romperme la cara y había comido la carne de mis hermanos, había transgredido mi cuerpo y había dejado temprana descendencia. Solo veía lo que se movía y quería devorarlo sin pensarlo demasiado, a veces miraba a mis propios pequeños con sospecha, ellos pensaban como yo y me veían con los ojos del futuro y el final.

Desperté entonces para percatarme que aún no era yo, que mi mundo estaba hecho de delirios solidos, de vida enjaulada, de roca moldeada y de ideas intravenosas que me penetran y nadan en mi torrente. Desperté para entender que vivo entre sueños y que son ellos los que aprecio, que no tengo más valor que los que nunca existieron porque yo alguna vez no existí, que mis pasos he de transformarlos en mis sueños, que soy el que sueña un mundo que no le pertenece, el que crea un mundo que ya existe, el que reinventa la humanidad (y la vida) en su cuerpo y en su sueño, el que no se percata que ya ha soñado miles de años y miles de seres, y soy el que es el mundo y lo ha vivido y lo ha soñado y lo ha leído y lo repite una vez más para convencerse y no es seguro . . .

La reja

Sentado en el balcón, con mis piernas entrelazadas en la reja que me indica el precipicio, pienso que parece floja, que podría desprenderse en cualquier momento y ahora lo hace, que podría halar mis pies hacia el vacío y lo hace, de la que podría soltarme sacando mis pies de sus ranuras.
En lugar de eso, la enlazo con mis pies y me aferro rápida y fuertemente a la puerta abierta detrás mío. Intento sostener la reja y a mí mismo, intento anular el problema, que no se expanda, que no alcance a existir, que no tenga que recordarlo.
Mis manos no son tan fuertes, se resbalan. Lo veo suceder y solo deseo que no lo haga. Me suelto y caigo. No vuelo, caigo verticalmente, con mi cara hacia el muro, las manos hacia arriba intentando agarrarse y los pies soltándose de la reja.
Veo pasar el apartamento de mi vecino, pero no me fijo en nada más allá del balcón, veo la reja. Entiendo, pero no confío. De todas formas me lanzo, la atrapo y me golpeo fuertemente.
Abajo se escucha un corto y estridente sonido y todo vuelve al silencio mientras yo me paso rápida y cuidadosamente al otro lado de la reja, estoy a salvo de nuevo.

Mi vecino no está, no sé que pensará cuando llegue y me vea sentado en su balcón, pero la puerta está cerrada y yo necesito no pensar.

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