Corrientes de Humo
En la más lejano rincón inexistente de un paisaje completamente blanco, neblinoso y desprovisto de horizonte, un niño y un Dragón jugaban a hacer nubes. Respirar, le llamaba el Dragón, pero para el niño claramente era hacer nubes.
El Mundo que le rodeaba solo tenía nubes, era lo más real que podían crear, incluso eran bastante sólidas, como lo pudo comprobar al intentar atravezar la mano y encontrarse con una textura mezcla de almohada suave y potentes paredes electromagnéticas, parecidas al caucho. La mano se devolvió ligeramente refrescada y con los pelos de punta, mientras que la nube se limitó a cambiar de forma y alejarse lentamente, murmurando lo que podrían haber sido insultos de nube.
-Lo siento- dijo el niño, pero ya se había ido y otras reemplazaban su lugar rápidamente.
Una ligera corriente sopló contra su cara pero no la sintió, luego recibió una inmensa corriente de viento espeso a sus espaldas que logró levantarlo un poco del suelo y le levantó la camisa hasta ponersela alrevez. Se sintió supremamente ridículo y con no mucha fuerza, rompió la camisa en pedazos. Estaba hecha de aire espeso. Humo de algún tipo. Era Ilusión.
Volteó su cuerpo y vió el hocico del Dragón que le saludaba como un par de geisers apuntando directamente hacia él. Mucho más allá dos luces encendidas como pequeños soles tras la niebla.
Sintió como el aire volvía lentamente y lo atravezaba y sin pensarlo, su cuerpo comenzó a correr alrededor de la cabeza del Dragón. En ningún momentó alcanzó a analizar el hecho de que el Dragón le seguía con la mirada y la nariz. La siguiente estampida de nubes concentradas de humo lo levantaron en la mitad de la carrera.
“Creo que no se da cuenta que no puedo sostenerle la mirada” pensó mientras lo recibía una nube cualquiera que pasaba por ahí “creo que no entiende mis acciones o mi incomodidad”, intentaba mirarlo a los ojos fijamente mientras la nube lo atravezaba, parecía sonreir “creo que incluso, se ríe de mí”.
Cayó al suelo aparatosamente dando vueltas hasta lograr agarrarse firmemente del suelo. Cuando lo soltó y se levantó, los pedazos se esfumaron volando. El suelo era una nube. No había nada tan solido como el Dragón. “Y yo” pensó. Nada más parecía real y aun así podía ser usado. Las ilusiones tambien servían de apoyo. Era solo aire caliente.
Miro al Dragón, se había demorado mucho? acaso el Dragón sostenía su aliento a proposito? parecía haber alzado su cabeza un poco, haciendo una mueca con los bordes de su boca. “Va a soplar”.
Con algo de pánico el niño miro a ambos lados y una vez más no vio nada de que aferrarse. Solo que esta vez se quedó quieto. No corrió, no se sorprendió. Observó y cuando el aire caliente golpeó su cuerpo, solo le hizo apretar las piernas y bajar el pecho. También lo calentó, le sugirió un olor dulce y al fuego, le ofreció algo bello, un pensamiento, una sensación, una promesa. Todo era una ilusión. Nubes y aire caliente, nada era real.
“Excepto el Dragón y yo” pensó y levantó un pie tras otro, lentamente. Directo a la boca de la bestia que jugaba con él. “Hacia lo real, sea lo que sea, no hay nada mas”.