Esta es la séptima parte de SereS

 

Apartes de La Revolución Salvaje [Libro de culto pos-guerra]

PARTE II

Anon

 

En medio de un caos político permanente, el descontento y desamparo de la población, y una fuerte tensión económica,  en una ciudad de poca importancia en el mundo, se creó una rebelión que en años posteriores se reproduciría una y otra vez, atravezando la Tierra entera, cambiando de simbología, pero no de significado. Una extraña batalla que de un día para otro, devastó las estructuras de gran parte de su territorio y dio inicio a una nueva forma de vida para gran parte de su población.

Las investigaciones posteriores de cómo y porqué se produjo este acto de transformación salvaje, terminan señalando siempre a la misteriosa figura de Anon. Su historia es algo enigmática y no deja del todo claras sus intenciones.

 

En primer lugar, su nombre real nunca fue revelado. Anon es tan sólo una figura pública. Empezó a existir muy poco tiempo antes de lo que él llamó la “Revolución Salvaje”. Poco más de dos años, probablemente después de haberse encontrado con la sustancia que le dio vida a la Revolución. La leyenda urbana habla de un científico desquiciado experimentando con alucinógenos poderosos, de la misma forma, otros cuentan que es un iluminado que vino a contarles el camino. Nunca se ha podido descartar la posibilidad de que Anon, fuese una identidad pública compartida por varias personas. Se ha establecido que un hombre específico portaba el nombre en público y era reconocido en diversos círculos de la sociedad, pero podría ser solo la fachada de un equipo mucho más grande.

Se han encontrado testimonios de personas que pensaban conocer personalmente a Anon, desde la calle hasta las altas clases, pero ninguno fue capaz de pronunciar otro nombre. Muchos lo apreciaban, otros lo admiraban y todos veían beneficios en su relación. De alguna forma, todos perdieron algo ese día. Pero eso no es extraño. El mundo entero perdió algo ese día.

 

Las primeras apariciones de este personaje se dieron en fiestas y encuentros juveniles, con un patrón algo inusual. Anon tan solo repartía una cápsula de Revolución Salvaje por evento. A una persona. De estos individuos que probaron la sustancia en sus inicios, ninguno pudo ser contactado para dar testimonio. Se presume que le siguen aún. O a su memoria.

Luego empezó a conocer más personas y a repartir las cápsulas con más facilidad. En esta etapa empezaron a aparecer casos de consumos en la calle y en oficinas. Dicen que tenía una forma extraña de moverse de un lado al otro, era hipnotizante, como ver animales salvajes cazando, pero no un tigre o un leon, sino algo que no da miedo, como un zorro o un gato.

Casi dos años después de sus primeras apariciones, la policía comenzó a buscarlo activamente. Los casos de personalidades transformadas estaba subiendo, cada vez era más notorio el cambio que sufrían las personas que eran alcanzadas por la Revolución.

Los afectados experimentaban cambios severos en su temperamento. El síntoma más notorio consistía en alucinar sobre animales o plantas en cualquier lugar, pero luego de un tiempo era posible apreciar los efectos secundarios, consistentes en una calma y una tendencia a reflexionar exageradas, que producen ideas extrañas y conclusiones descabelladas.

 

Según los testimonios, durante las primeras etapas, los efectos eran muy poco notorios, casi indetectables, pero los rumores corrían rápido entre los jóvenes y los mercaderes de placer. Una sustancia alucinógena de diseño de alta categoría. Los compradores aparecían en cualquier lugar, pero nadie la estaba vendiendo.  Solo estaban las personas que la habían probado y la leyenda de Anon, que desde el principio hasta el final parecía haber caído en desgracia recientemente. Con ropa desgastada y una larga melena descuidada.

Lo que muchos de los interesados no podían saber o tener en cuenta, es que las alucinaciones eran fuertes y pasajeras, pero los efectos secundarios eran permanentes. Aún está puesto en duda que tanto sabía Anon de su propia creación, probablemente estas personas eran apenas experimentos.

 

Estos individuos consumieron Revolución Salvaje por meses sin saber exactamente cómo les afectaba. Dejándose llevar por las visiones. Para cuando la mayoría entendió que las visiones también se volvían permanentes, su percepción de la realidad ya no podía volver a la normalidad.

Muchos intentaron parar de tomar las cápsulas, otros tomaron pastillas diferentes para contrarrestar el efecto. No funcionaron, tampoco la meditación avanzada o la cirugía.
No había escape. El mundo cambió para un segmento de la población que crecía a cada día, afectados por una epidemia silenciosa.

 

Mientras tanto, Anon se mantenía al márgen de todo, como un desconocido, una leyenda que solo unos cuantos podrían confirmar como real. Escogía a las personas menos populares, amigos fáciles que no preguntan demasiado y se aseguraba de dejarles una buena mercancía para que hicieran otros amigos.

La sustancia seguía circulando de alguna forma. Incluso se encontraron otras de menor calidad, probablemente fabricadas en otros laboratorios. No duraron mucho. La Revolución seguía surgiendo en lugares inesperados. Hasta que comenzó el pánico sobre los efectos secundarios. Los pocos que intentaron cirugía engendraron grotescas leyendas por su cuenta. Entonces Anon pareció detenerse. Espero un tiempo largo, varios meses, y comenzó a darse a conocer. La mayoría de los afectados ya estaba aceptando su nueva realidad sin poder adaptarse a ella y cuando lo conocieron, se dejaron guiar por este personaje que parecía conocer a la perfección el nuevo mundo que se abría ante ellos.

En poco tiempo se hizo conocido por la ciudad entera. Ya no repartía más Revolución, por lo que se cuenta solo caminaba y hablaba por toda la ciudad, tenía amigos en todas partes, pero pocos lo seguían mucho tiempo.

 

Las personas se reunían a su alrededor, aún en los testimonios, años después era posible encontrar orgullo en la voz de quienes lo habían conocido. Él los hacía parte de algo más grande.

Fue allí, en la multitud de gente contaminada con sus alucinaciones, que Anon encontró el ejército que se rebeló un tiempo después. Un acontecimiento muy extraño. Los medios lo llamaron la “Revolución Salvaje” al asociarlo a los eventos recientes, pero en realidad no propusieron un golpe de estado, ni siquiera un movimiento agresivo dirigido hacia el gobierno o a ninguna persona en particular, solo a propiedades privadas y públicas. Investigaciones posteriores dedujeron que el objetivo central de la monstruosa hazaña era crear una situación de crisis y decisión en la población entera, preparandolos para la ominosa transmisión que concluiría la batalla.