Al salir
El Idiota sale de su casa, le aterra, se ha preparado pero no es suficiente, tan solo los pensamientos que flotan sobre su cabeza sobre los rostros que tendrá que enfrentar le dan ganas de devolverse, tirar todo a la basura y recluirse en la suavidad y calor de su capullo. El mundo de afuera necesita saber de él para seguirlo contando como suyo, si no es capaz de ser parte de ese mundo, eventualmente será devorado, por ese o cualquier otro.
El miedo lo paraliza.
Pero como Abraham, siguió su camino sin mirar atrás. Hacia su destrucción, solo porque enfrentarla significa la remota posibilidad de que no sea tan trágica y dolorosa. En el camino se habla a si mismo, se prepara, se convence. Afuera todo es otra cosa, afuera hay incluso otros Idiotas, más grandes y más pequeños.
Los Dioses no se presentan ante él directamente, tendría que ganárselo, no, solo hay Idiotas, cientos, miles, millones de ellos, en cada esquina, en cada rincón. Y mientras se acerca a la gran masa de desechos, los ve multiplicarse, al igual que los Autos que corrían furiosos por sus caminos cantando himnos de orgullo y superioridad.
Estaba preparado, ya no era su destrucción, no era Abraham y no lo había sido nunca. Enfrentó a los Idiotas, uno a uno, su Lenguaje tal vez no era superior, pero era más que suficiente, no parecían haber obstáculos.
Solo ella. Parecía una Diosa, pero podía fácilmente ser un disfraz, él lo sabía y no le importaba, le daba energía para diezmar aun más las fuerzas de ese montón de Idiotas amontonados a su alrededor, para ese momento era solo un juego de niños, pero ella no lo miró. Se fue y lo dejó rodeado de torpes balbuceantes.
Se sentía Nada, dejó de enfrentarlos y se unió a ellos. Sus batallas eran tontas y predecibles, pero tenían la simplicidad y el carisma que solo los Idiotas podían entender del todo. Lo disfrutó, los apoyó, se burló de ellos, los alabó, y cuando se empezó a alejar, tuvo que enfrentarlos de nuevo y golpearlos. Eran solo Idiotas.
Y él su Rey.
Se apartó, dispuesto a volver a casa, se sentía nuevo. Un par de ellos lo siguieron, a uno lo quería a su lado, al otro no. Uno callaba, el otro no. Uno escuchaba, el otro no.
“No, no no, no No, no NO!” entonó apartandose “nada de eso es importante, no lo que piensas que quieres hacer, no lo que te dan mientras planeas hacerlo, no lo que te dan cuando dices que lo haces, todo eso es superficial” pensó en voz alta “todo lo que deberías hacer es crearte un mundo, un lugar en que lo que crees sea suficiente para empujarte a hacerlo de nuevo, diferente”
“No se trata de cumplir el objetivo, se trata de acariciarlo y convivir con él, no se trata de poseer, se trata de perseguir . . . corretear, jugar!”
Pero no escuchaban, ni siquiera él se había escuchado hasta darse cuenta que no sería el único.
“No somos más que un montón de Idiotas”, pensó.
Volvió destrozandose a casa.
Abril 9th, 2008 at 8:05 am
je! qué bueno que ese idiota se dio cuenta de tantas cosas. Muchos casi casi no nos damos cuenta nunca :(
Corretear, jugar, perseguir! me encanta, sí, me gusta mucho leerte.
besos
Abril 11th, 2008 at 2:22 am
This story sounds convincingly! I agree with you in this case.