Hace tiempo que soy el personaje principal de mis historias, mis disfraces son demasiado sutiles y no me ocultan mucho, pero eso no es importante, más allá de si soy yo el dibujado, he encontrado que también soy el resto de la historia, el antagonista, el compañero, el lugar, la situación, las sensaciones y las palabras, lo que cuento está en el Lenguaje y no puede salir, allí yo también soy lo Otro, el resto.
Esto lo sé mientras escribo y el personaje también, él es todo, es el Muro frente a él, es su igual, su doble y su opuesto, lo entiende y por eso no puede reaccionar, entiende que puede ser todo lo que escribo, pero solo eso, comprende su límite real, él es el Lenguaje y no tiene permitido otra cosa, a veces intenta serlo bien, a veces intenta imaginar lo que no es.
Cuando la frustración llega se desquita, pero siente que lo hace contra sí mismo, ahora que se sabe limitado por el Lenguaje no considera nada dentro de él como ajeno, él es el Lenguaje y todo lo que codicia es no serlo.

¿Quién soy yo, entonces? me pregunto, yo que no soy solo Lenguaje, yo que no estoy escrito pero me frustro y me desquito y siento que conmigo, ¿quién soy si me reconozco en los personajes de mi vida y los veo como iguales, dobles y opuestos? No lo sé, pero mi límite es diferente, yo soy cuerpo. No puedo ser nada aparte de él, donde mi cuerpo acaba yo acabo.
Es mi cuerpo lo que no entra en el Lenguaje, lo que me diferencia del personaje en mis historias, a la final es él el que no tiene salida, el que se fusiona con su mundo, el que no diferencia ser y poder, el que puede ser . . . y es, Todo. Pero él no tiene cuerpo, por eso no existe por sí mismo, es solo Lenguaje y necesita que alguien lo cree, que un cuerpo lo pronuncie, tal vez solo un cuerpo. Pero eso lo convertiría en . . . mí.