Vivía al lado del agua entonces, en una casa de dos cuartos y un baño.
Dormía en el segundo piso, casi siempre de día, con el calor del sol que se derramaba por la claraboya del techo y la inmensa ventana de cara al lago y al amanecer.
Por la noche intentaba dormir, caminaba por el cuarto mirando hacia afuera, volvía a la cama, me entretenía con luces en las pantallas o algo de comida para engañar mi angustia, volvía a caminar por el cuarto, prendía un cigarro, respiraba hacia la ventana, hacia las estrellas en el lago, miraba al cielo y seguía caminando por el cuarto.

El lago me llamaba en esas noches y le respondí varias veces, me sumergí en sus aguas en la noche y en el día, y hablamos y me contó de lo que se esconde debajo de la superficie, de la vida que no se ve, pero nos espera y nos consume lentamente. Me dijo que la vida se alimenta de vida y no quiere nada más que vida y por eso se devora a sí misma, renovandose y destruyendose a la vez.

Desde mi cuarto lo escuchaba llamandome constantemente, pero me volvía a decir lo mismo, una y otra vez, así que dejé de escucharlo. Viví un largo tiempo al lado de aquel lago y escuche su llamado constante hasta que dejó de serlo y se convirtió en el arrullo de su voz. Logró asustarme un par de veces también, con el frío y lo inesperado temí a la muerte en sus brazos mientras parecía reírse de mí para luego dejarme ir. Su abrazo helado me repetía lo que tenía para decirme.

Ahora recibo este papel. No he visitado ese lugar por años, solo podía imaginarmelo medio podrido y habitado por nada más que plantas y pequeños animales. No estaba muy lejos de eso cuando me fui. El lago creció lo suficiente para empantanarlo todo y hacer la vida civilizada imposible. Así que me fuí y abandoné ese lugar que fue mío y de nadie más. La muerte le llega a todo y puede ser que el lago supiera desde un principio que iba a comerse mi casa. Esta bien, la vida devora y de las ruinas se alimentará la vida misma que vive en el lago. Pero ahora recibo este papel y me pregunto que hacer.

El lago se ha secado, el río que lo alimentaba fue desviado en su mayoría por las fabricas que comenzaron a comprar los terrenos alrededor. La casa no se destrozó por completo y al secarse parecía un lugar soportable, así que fue habitado brevemente por caminantes perdidos, jovenes acampadores, mendigos y otra gente con mala suerte. De alguna forma, las ruinas de mi antigua casa, que yo ya daba por perdida, habían adquirido cierta reputación por su propia cuenta. Incluso han sucedido un par de eventos allí, lo que hacen los chicos de ahora, no creo que se una fiesta de la forma que yo me la imagino. Lo he buscado en internet, lo llaman “El León” supongo que por la placa en la entrada con la figura de Leo. Otros le dicen “La Guarida” y creo que eso significa que ha caído de nivel social, lo que suele suceder con la locura y el desenfreno que los jovenes siempre quieren probar lejos de casa, pero terminan corrompiendo sus propios planes. Así es, los inocentes van hacia el León mientras que los experimentados lo consideran su Guarida.

Eso sucede. Ahora mismo. En la que consideraba mi casa. Aún recuerdo el reflejo de las estrellas en el agua. El silencio y el llamado de la vida. Aun recuerdo el frío. Pero ahora solo quedan las ruinas que irónicamente, han visto muchas más cosas como ruinas que como casa.

No puedo imaginarmelo bien. No sé que hacer con este papel. Aquí dice que me quieren comprar esa propiedad. Dice un número con algunos ceros y se supone que me sienta halagado. Habla de la situación y me dice que debo sentirme mal, como ellos, de que mi propiedad sea usada como lo es ahora. Es mejor vender y devolverle la vida que solía tener. Me dice que las fabricas alrededor fracasaron, solo eran dos pero parecían más, habla de enrutar el río de nuevo porque ahora está llendo a pozos venenosos con los desechos reposados de las fábricas.

Habla de una represa, del lago, de que sea más grande. Dice que han hecho estudios. Dice que todo está listo.
Solo tengo que firmar. Pero lo dudo. Siempre pensé que era mi casa junto al lago, mi podrida casa junto al lago tal vez, no tenía mucho valor entonces, no de esa forma. Ahora se ha convertido en algo que no entiendo del todo. El lago que veo en estas imagenes en el papel es otro lago en otra parte del mundo, no me llama, no me dice nada. Me mira con cara de “en serio, en seio, todo esta bien, todo esta listo, firma y serás un hombre rico” con una picada del ojo al final. No me gusta. En cambio el León me llama. Las ruinas tienen la voz del lago, lo escucho desde acá, como lo escuchó la gente que se revuelca en mi patio, entre risas y vomito.

“No toquen mis cosas” pienso, pero ya nada es mío. Me dan ganas de verlo de nuevo y me da la impresión que me desharé en llanto cuando lo haga. No habrá nadie que me reconozca, el único gato que podía debió haber muerto hace mucho. Quién sabe, tal vez firme ese papel después de todo.
Como yo lo veo, la vida es así, toda es valiosa y se devora a sí misma, la destrucción no es más que transformación. Por eso hay tanta belleza en ella, pero es tan difícil de entender.

De todas maneras, estoy seguro que extrañaré la voz de ese lago que pensé inmortal y que ya no existe.