Archivo de abril, 2008

El lobo y las gallinas

Un grupo de gallinas merodea alrededor de una casa demasiado grande para su único ocupante humano y los dos gatos que lo acompañan. Picotean el suelo con decisión, ignorando o intentando ignorar el pánico propio de los primeros eslabones de la cadena alimenticia. La casa les parece suficiente segura, los gatos no les prestan ningún tipo de atención y el único que las ahuyenta es el Idiota. Pero él no está, camina hacia su casa, a menos de un kilómetro de distancia. Está cansado y solo, escuchando el incansable sonido de la comunidad de perros que se advierte entre sí y al resto del mundo que alguien viene. Algunos de ellos lo reconocen, la mayoría solo cumple con su deber.
Al llegar a la falda de la montaña se permite una pausa, mira hacia arriba y suelta un ligero suspiro en forma de media luna al ver la punta de una chimenea entre los arboles. Ya se siente en casa.

Desde que comienza a subir ve venir a gran velocidad una perra conocida, que cabalga hacia a él. El último paso es un salto y de repente la ve de frente, cara a cara, con las patas en su pecho.
-Bájate!- le dice y se la quita de encima con esfuerzo, intentando calmarla. Detrás de ella viene el lobo, que nunca lo saluda emotivamente, solo lo acompaña. Es todo blanco, frío como la nieve. El hombre lo alcanza y lo intenta acariciar suavemente, el lobo no se inmuta.

Con exhalaciones de cansancio y alivio, el hombre se ve frente a su hogar. En la ventana los gatos observan como dos estatuas increíblemente realistas. Lo esperan.
La perra mordisquea algo que se encontró y el lobo merodea, olfateando y marcando territorio constantemente. El Idiota abre la puerta, se despide, da medio paso y se paraliza.
-Estúpidas gallinas- piensa preocupado cuando las ve, es tarde pero los ojos azules del lobo parecen verlo todo, lo mira a él una vez más y vuelve la vista a la presa más cercana, que no había hecho más que apartarse un poco cuando llegaron y había vuelto a confiarse torpemente en la ausencia permanente de peligro.

El momento pasa y todos corren, las gallinas se dispersan por sus vidas, el lobo corre detrás de una sin titubeos o indecisión, el hombre intenta detenerlo y la perra corretea solo por diversión.
El lobo alcanza a la gallina sin dificultad y la agarra por el cuello, el Idiota aprovecha la pausa para hacer lo mismo con el lobo, mientras intenta liberar rápidamente a la víctima mientras que le sube la tensión por los ladridos de la perra que les da vueltas sin parar, borracha de adrenalina.

La gallina se desprende de los colmillos sangrientos y cae al suelo pesadamente, sin reaccionar.
Salvajes ojos azules debaten atrapados ante la firme mirada del hombre, no quiere comer ese cuerpo inerte tendido en el pasto, la alegría de la conquista le ha sido arrebatada.
Intenta zafarse una y otra vez, pero no puede, el Idiota no lo suelta, parece himnotizado, lo mira y no lo ve, se siente culpable.

-No puede evitarlo- pensó cuando los poodles que debían cuidar a las gallinas llegaron ladrando para espantarlo, lo vio irse y le pareció humillado y triste.
-Camina de nuevo a su condena, al encierro. Está viejo y cansado. Asesino desde la infancia hasta el final. Asesino la mitad de su vida, encerrado la otra. Lo sabe, lleva una en la sangre y la otra grabada en la memoria-

Rápidamente y sin pensarlo, tomó el cadáver por el cuello y lo llevó a su casa, pensaba devorarlo el mismo.
-Esta muerte es mía- pensaba -mi culpa, mi suerte, mi alimento. Pagaré por ella y la devoraré con los mios. No dejaré nada a ese lobo. Que nada le quede a él de ella, ni el premio ni el castigo, solo el recuerdo. Mis ojos, mi advertencia y la humillación. Nada en realidad- miró el cuerpo que tenía en sus manos, el cuello roto, las plumas alborotadas y bañadas en sangre, los ojos desorbitados, sin mirada.

-Vamos muchachos- le dijo a los gatos que ya lo perseguían con interés mientras caminaba hacia la cocina -hoy hay carne fresca-.

Al salir

El Idiota sale de su casa, le aterra, se ha preparado pero no es suficiente, tan solo los pensamientos que flotan sobre su cabeza sobre los rostros que tendrá que enfrentar le dan ganas de devolverse, tirar todo a la basura y recluirse en la suavidad y calor de su capullo. El mundo de afuera necesita saber de él para seguirlo contando como suyo, si no es capaz de ser parte de ese mundo, eventualmente será devorado, por ese o cualquier otro.
El miedo lo paraliza.

Pero como Abraham, siguió su camino sin mirar atrás. Hacia su destrucción, solo porque enfrentarla significa la remota posibilidad de que no sea tan trágica y dolorosa. En el camino se habla a si mismo, se prepara, se convence. Afuera todo es otra cosa, afuera hay incluso otros Idiotas, más grandes y más pequeños.
Los Dioses no se presentan ante él directamente, tendría que ganárselo, no, solo hay Idiotas, cientos, miles, millones de ellos, en cada esquina, en cada rincón. Y mientras se acerca a la gran masa de desechos, los ve multiplicarse, al igual que los Autos que corrían furiosos por sus caminos cantando himnos de orgullo y superioridad.

Estaba preparado, ya no era su destrucción, no era Abraham y no lo había sido nunca. Enfrentó a los Idiotas, uno a uno, su Lenguaje tal vez no era superior, pero era más que suficiente, no parecían haber obstáculos.
Solo ella. Parecía una Diosa, pero podía fácilmente ser un disfraz, él lo sabía y no le importaba, le daba energía para diezmar aun más las fuerzas de ese montón de Idiotas amontonados a su alrededor, para ese momento era solo un juego de niños, pero ella no lo miró. Se fue y lo dejó rodeado de torpes balbuceantes.

Se sentía Nada, dejó de enfrentarlos y se unió a ellos. Sus batallas eran tontas y predecibles, pero tenían la simplicidad y el carisma que solo los Idiotas podían entender del todo. Lo disfrutó, los apoyó, se burló de ellos, los alabó, y cuando se empezó a alejar, tuvo que enfrentarlos de nuevo y golpearlos. Eran solo Idiotas.
Y él su Rey.

Se apartó, dispuesto a volver a casa, se sentía nuevo. Un par de ellos lo siguieron, a uno lo quería a su lado, al otro no. Uno callaba, el otro no. Uno escuchaba, el otro no.

“No, no no, no No, no NO!” entonó apartandose “nada de eso es importante, no lo que piensas que quieres hacer, no lo que te dan mientras planeas hacerlo, no lo que te dan cuando dices que lo haces, todo eso es superficial” pensó en voz alta “todo lo que deberías hacer es crearte un mundo, un lugar en que lo que crees sea suficiente para empujarte a hacerlo de nuevo, diferente”

“No se trata de cumplir el objetivo, se trata de acariciarlo y convivir con él, no se trata de poseer, se trata de perseguir . . . corretear, jugar!”

Pero no escuchaban, ni siquiera él se había escuchado hasta darse cuenta que no sería el único.
“No somos más que un montón de Idiotas”, pensó.

Volvió destrozandose a casa.

Sang tu NoT

If mi to do anything,
a’ll leave it to the foolest.
i cant seem to stop it
i cant seem to want
i cant seem to care

The world arounde me seems to vanish
In front of my eyes
every move is downwards
every step a fall
mi paralysed in terrorr
about to sacrifae myself
At every moment
At every breath

I dont!
Just let it past me
And then realize
Nothing happend

Still seem NoT to react
Panic takes over me
I feel thru his skin
See thru his eyes

Ant as that,
I get to receive
every gift of time
as a Nightmare or Curse

Sink in time
life in sinK

Every minute
Lived, Lost
To come
And NoT be welcome

The Curse, of course
is as strong as my belifs
It is cast by my God

But my God has become
How should I put it,
Really unstable

He has gone Mad
He gas gone Soft
Ha has gone Wrong

I dont listen to him anymore
But mi doom by FeiT.
He keeps getting in my way

YosoY OthrO
He’s NoT

This is all i have to give now
It is all he has given me
It is all he will take

Let the Void have the rest.

FIN DE CITA

El texto parecía destrozarse,
tal vez escrito por un Loco pasado,
algún torpe profeta,
algún desilusionado,

pero el Idiota lo entendía por completo,

era una cuchilla atravezando las venas,
era la saliva que se lleva el veneno,
era unas muelas apretadas,
era un viernes en la madrugada.
Y tenía personajes.
Eso era lo importante,
y él los conocía a todos.

Not, el Dios temible,
Diablo y Condenado.

FeiT, el primer hijo del Cuerpo,
Hermano y Verdugo de todos.

Void (o Vacío), el primer Dios,
Lejano, Inmenso e indetenible.

Y YosoY OthrO,
Un nombre usado por radicales anónimos.
“YosoY OthrO, esto es lo que tengo”
Decían antes de botarlo a la hoguera.

Sufrían de culpa profunda.
Todo lo que poseían era una necesidad maldita,
un alivio pasajero a un dolor paciente,
una desilusión.

“Extraño” pensó el Idiota,
mostrando una sonrisa larga.
“Es un poema, es una canción.
Himno trágico a lo perdido e imposible”.

Hay alguien más

La Diosa había esperado una o varias eternidades para el momento en que decidió ocuparse en algo más, los primeros hijos de la Voz que fecundó su Cuerpo nacerían eventualmente, separándose de ella y formando una vida por su cuenta, pero Ella se sentía caer en el aburrimiento e internarse en el Vacío.
Solo la Voz la confortaba y la sentía afuera y dentro de sí, creciendo, un grito de furia y millones de susurros como respuesta, cada vez más.

Aún así, su impaciencia la dominó pronto y sin pensarlo demasiado, creó una pareja de seres, los nuevos primeros hijos, los inesperados, los hijos Grandes. Pensando en el grandioso ser del que debería provenir la Voz creó a FeiT, pensó en ella misma y creó a Vaia. Desde el principio los supo poderosos pero incompletos, seres sin conflicto y sin energía, atados para siempre a la voluntad de la Diosa. Nunca serían algo aparte, nunca se revelarían, nunca la sorprenderían. De cierta forma, no eran más que ella misma, hablándose y recorriendo su propio Cuerpo.

Los dioses menores (o los hijos Grandes) aguardaron la venida de sus medio-hermanos con paciencia, cuidando de ellos y su madre en todo momento, aprendieron a vivir juntos y disfrutaron su tiempo solos. Sentían la falta de vida, pero luego al despertar, entenderían la felicidad del tiempo sin conflicto, reposando cómodamente sobre la piel de Todo.
Nunca entendieron por completo el aullido de NoT en la lejanía, pero FeiT sintió desde el principio el llamado a obedecerlo.

Todo esperó, los gritos pasaron uno tras otro, los Grandes alistaron la bienvenida para que sus hermanos no sucumbieran con cada grito y los pequeños creciendo en el vientre de la Diosa comenzaron a moverse y a salir.
Eran extraños por supuesto, pero no esperaban reconocerlos.

Vaia y FeiT se encargaron de hacer posible su vida, Vaia recorría el inmenso cuerpo y por donde pasaba dejaba su aroma flotando en el aire, era Vida, los que flotaran o saltaran eran capaces de sentirla antes de que cayera al piso, pero la piel entera se rejuvenecía y las creaturas la mordisqueaban con gusto.
FeiT en cambio, se sentaba a mirar hacia arriba y hacia el horizonte, planeando. Luego soplaba y las pequeñas creaturas volaban incontrolablemente por los aires y se chocaban unas con otras, algunas se pegaban, otras saltaban más alto o esperaban a otra ráfaga para ir a un lugar aun más lejano. Todas caían en algún momento, algunas se destrozaban, otras sobrevivían y se concentraban en su Suelo, alimentándose de él.

Se podría pensar que ninguno de los Dioses mayores era realmente consciente de estos sucesos, tomando en cuenta que la Diosa, más que saber que ocurría, lo sentía en su Cuerpo y lo disfrutaba plenamente. Su observación siempre fue superficial y los mensajes que susurraba a sus hijos eran simplemente indescifrables. Por ello, más tarde sus hijos sentirían la soledad, la incertidumbre de no tener Nada realmente claro y la necesidad (y posterior determinación) de cumplir un objetivo difuso.
Por otro lado, se piensa que NoT nunca sería capaz de ver los detalles de la Diosa, él solo ve el Vacío. Solo la hipótesis o leyenda del nacimiento de su vergüenza al verla, ha dicho que alguna vez la ha visto, pero también sostiene que fue al momento de crearla, y que después de hacerlo no pudo soportar su propia monstruosidad y se cubrió para siempre bajo un inmenso manto de gritos.
Y el Vacío . . . es difícil decir lo que podría querer o necesitar, podríamos decir que no tenía la necesidad de aparecerse o tomar parte en las vidas de los pequeños. Pero lo hizo. Tal vez se sintió abuelo, tal vez se sintió insultado, cualquier cosa es posible. Lo cierto es que mientras Vaia recorría el Cuerpo sin descanso y FeiT cambiaba todo de lugar, había alguien más observándolos, había estado ahí por varios gritos, pero no los escuchaba, parecía ver todo como si ya hubiera ocurrido. Estaba y no era. Nadie lo vio. Nunca.
Un hijo del Vacío, una silueta dibujada en el aire, tan oscura como Nada. Una Sombra.

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