“Me gusta pensar en lo que no existe, básicamente por eso . . . todo es básicamente por eso, incluso mi sincero desprecio por todo lo que sí. Tal vez me sentiría más a gusto si no existiera, si estuviera hecho de esa luz extraña que no ilumina sino que delinea la oscuridad, quisiera serlo. Quisiera ver a la Diosa y entender sus palabras, no ver al Vacío sino sentirlo y conocer al innombrable sin que me tome de la mano y me lleve a donde nadie va, quisiera solo estar ahí y escuchar los silencios que tiene para compartir, yo le podría decir otros tantos, tengo de sobra pero es difícil encontrar alguien que los sepa escuchar.”

Le dijo al dragón que estaba acostado a su lado. El inmenso blanco del mundo en el que se encontraban empezaba a transformarse con cada una de sus palabras, se sentía profundo y en un horizonte hecho de nubes de nada, se vieron las siluetas de montañas cambiantes como el pensamiento, se veían enormes de frente y muy pequeñas desde arriba. De la boca del dragón salió el humo de su respuesta. El mundo empezaba a tomar forma con él.

“En este lugar desierto solo existimos tu y yo . . . tal vez también el Vacío, no existe otra voz, no existe nadie más, no existe nada más. No puedo imaginar lo que no existe, pero puedo ver que nada existe. Como puedes desear silencio aquí? Silencio y Nada abundan en mi hogar, lo eran todo antes de tu llegada.”

“Pero no es real, ya me explicaste que este lugar es mío y creo que esta dentro de mi mente, tu eres quien yo no soy y todo lo que nos rodea es mi sueño. Solo espero despertar y volver al lugar donde la Nada es sutil y la Diosa me habla en un hermoso idioma que me atropella y me dirige por un camino que no logro ver con claridad. No me gusta mi mundo, pero es donde realmente existo, aquí soy solo una ilusión, aquí soy una proyección como tu.”

El Silencio aprovechó el momento para extenderse a sus anchas de nuevo, le gustan los momentos en que un universo comienza. Se posa sobre él y lo abraza con todo lo que tiene, como si no fuera a soltarlo nunca, se engaña porque sabe que los seres que los crean seguirán y seguirán creando y hablando, y chocandose unos contra otros, conduciendolo lentamente a un olvido extraño, en el que lo seguirán nombrando sin que realmente esté presente. Y así como así, se desvaneció o al menos en parte.

“Es extraño, no me siento del todo bien aquí, a pesar de la tranquilidad y la distancia que me separa del mundo que quiero tanto detestar. A este lugar le falta algo que no logro descifrar, como si algo pequeño que me trajera del otro mundo, pudiera hacer de este lugar, mi hogar perfecto.”

Las nubes ya estaban por todas partes, las veían en todas las direcciones, las respiraban y estaban acostados sobre ellas, incluso pudo haber ocurrido que los levantaran del suelo si pudieramos estar seguros que en algún momento hubo uno que no estuviera hecho del mismo material que las mismas nubes de nada.

“Ven, cuando necesito despejarme, vuelo”.

Dijo el dragón mientras ayudaba al niño a subirse a su lomo. Con un batir de sus alas apartó las nubes que se formaban a su alrededor y enseguida estuvieron por encima de ellas, viendolas pequeñísimas y tal vez lejanas.

“Todo se ve insignificante si te alejas lo suficiente” dijo con tono melancólico.