Archivo de junio, 2007

Soñar es una locura

Al principio pensé y me equivoqué, luego lo hice y me di cuenta, luego lo corregí y ahora que todo está bien, veo que debo volver a comenzar, no hice nada.

Soñé que no era yo, no había crecido mirando las lineas rectas de los bloques alrededor, había atravesado mil veces lugares que no conozco y había amado otra gente y otros instantes y ahora tenía el pelo diferente, una voz menos gruesa, unos ojos más claros, una piel más maltratada y un camino diferente, tenía como meta la montaña y el sol, eran mis aliados y maestros y yo les rendía tributo solo por existir.

Soñé entonces que era otro, que había nacido en el frío y conocía el blanco y lo sutil, el mundo me parecía cruel y había construido una burbuja para protejerme de él, había aprendido a vivir allí y no pensaba salir, no tenía objetivo, buscaba otra burbuja que se pareciera a la mía para abrazarme y decirme cosas al oído, pero sabía que no había otra como la mía, me limitaba a consumirme, a ser consumido lentamente por el mundo.

Y soñé entonces que mi vida había sido diferente, salvaje y veloz, había sentido el viento romperme la cara y había comido la carne de mis hermanos, había transgredido mi cuerpo y había dejado temprana descendencia. Solo veía lo que se movía y quería devorarlo sin pensarlo demasiado, a veces miraba a mis propios pequeños con sospecha, ellos pensaban como yo y me veían con los ojos del futuro y el final.

Desperté entonces para percatarme que aún no era yo, que mi mundo estaba hecho de delirios solidos, de vida enjaulada, de roca moldeada y de ideas intravenosas que me penetran y nadan en mi torrente. Desperté para entender que vivo entre sueños y que son ellos los que aprecio, que no tengo más valor que los que nunca existieron porque yo alguna vez no existí, que mis pasos he de transformarlos en mis sueños, que soy el que sueña un mundo que no le pertenece, el que crea un mundo que ya existe, el que reinventa la humanidad (y la vida) en su cuerpo y en su sueño, el que no se percata que ya ha soñado miles de años y miles de seres, y soy el que es el mundo y lo ha vivido y lo ha soñado y lo ha leído y lo repite una vez más para convencerse y no es seguro . . .

La reja

Sentado en el balcón, con mis piernas entrelazadas en la reja que me indica el precipicio, pienso que parece floja, que podría desprenderse en cualquier momento y ahora lo hace, que podría halar mis pies hacia el vacío y lo hace, de la que podría soltarme sacando mis pies de sus ranuras.
En lugar de eso, la enlazo con mis pies y me aferro rápida y fuertemente a la puerta abierta detrás mío. Intento sostener la reja y a mí mismo, intento anular el problema, que no se expanda, que no alcance a existir, que no tenga que recordarlo.
Mis manos no son tan fuertes, se resbalan. Lo veo suceder y solo deseo que no lo haga. Me suelto y caigo. No vuelo, caigo verticalmente, con mi cara hacia el muro, las manos hacia arriba intentando agarrarse y los pies soltándose de la reja.
Veo pasar el apartamento de mi vecino, pero no me fijo en nada más allá del balcón, veo la reja. Entiendo, pero no confío. De todas formas me lanzo, la atrapo y me golpeo fuertemente.
Abajo se escucha un corto y estridente sonido y todo vuelve al silencio mientras yo me paso rápida y cuidadosamente al otro lado de la reja, estoy a salvo de nuevo.

Mi vecino no está, no sé que pensará cuando llegue y me vea sentado en su balcón, pero la puerta está cerrada y yo necesito no pensar.

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