Archivo de febrero, 2007

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El principio es un misterio, a pesar de que no determina todo lo que sigue, lo hace en parte, influyendo más a lo cercano y menos a lo lejano.

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La verdad . . .

Solo una anotación.

La verdad . . .

Gusano

Se posa pesadamente sobre su parte trasera y sube la cabeza esperando ver algo sobre la ventanilla: No es su turno! . . . solo puede responder con la mayor solemnidad que puede atribuir un rápido erguimiento, Esperaré.
Resolvió entonces acomodarse a sus anchas en el lugar, encendió un cigarrillo y se propuso dar una pequeña inspección a su alrededor, intentando ignorar el leve suspiro que le repitía una y otra vez “No puedo alejarme demasiado, si no alcanzo a levantarme lo suficiente como para ver aquella ventanilla, debo volver” y empezó a dibujar un espiral en el suelo.

La Travesía

Al despertar, un hombre se encontró a sí mismo lejos de casa, pensó que había caminado toda la noche, pero la oscuridad aún lo rodeaba, sintió que ya no estaba cansado y quiso volver.
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VIII. El Reconocimiento . . . después de un tiempo

Era apenas lógico que después de un tiempo todos los miembros originales del pacto murieran a causa de su cerrado círculo y que los herederos empezaran a ser (y fueran para siempre) hacedores de desechos reformados, generaciones y generaciones de ellos; y eventualmente lo que producían dejó de ser muy diferente a los desechos, aunque conservaran un brillo que demostrara su identidad histórica.
Fue de esa forma que la mercancía de alta calidad logró ser relativamente equivalente a aquellos primeros magníficos desechos, a quienes había despreciado y envidiado tanto siempre. Su similitud era innegable, desechos hermosos y gastados (aunque mucho más el creado por amor que los creados por orgullo).
También fue esa la forma de asegurar el valor de reconocimiento que siempre pensaron que les correspondía.
La forma de desasegurarlo fue sencilla, a pesar de ser un grupo “élite” de hacedores, cada uno de sus miembros venía del mercado de desechos, no sentían la cortante separación de sus predecesores, sino que les debían tanto a ellos como al lugar de donde habían salido. Así que aunque no se abrieron al mercado, introdujeron en él una pequeña cantidad de productos; claro que al estar el reconocimiento implícito en el objeto, no servía como valor de cambio, así que usaron la gratitud: de esta forma el hacedor agradece al mundo y al pasado, y el usador de desechos agradece por algo que cree mejor de lo que merece.

 

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VII. El Pacto

Los miembros de la sociedad no se reproducían, de hecho hicieron un par de reglas al respecto; si la razón del caos era la increíblemente rápida proliferación de desechos, no bastaba con mantenerse distantes, sino actuar en contra, no se arriesgaban a reproducirse y crear a más hacedores de desechos, debían sacarlos de la población general y reformarlos, para demostrar en ellos, lo que todos podrían hacer.
Nunca se supo que tanto pudieron demostrar, lo cierto es que lograron permanecer por mucho tiempo en la periferia del mundo, como un grupo de seres considerados superiores (en ciertos sentidos), que decidieron alejarse para permanecer (de cierta forma) inmaculados.
Algunos hacedores se unieron por gusto, otros por experimentar, otros en busqueda de grandeza, otros de diferenciarse.
La sociedad creció, siempre demasiado sigilosa e inofensiva como para atentar contra ella. El mercado de dolor (voluntaria o involuntariamente) le permitió sobrevivir.

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Atom Heart Mother

Increible cover de Atom Heart Mother, especialmente para los fans de Pink Floyd, en estas felices fechas en que por fin recibimos noticias del concierto que dará Roger Waters en Bogotá, allí estaremos todos los que podamos.

Otro Rejuisidio

En parte un homenaje a los posts recientes de SI en Makakos Insolitos, en parte a un desayuno, en parte a otras cosas.

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VI. Los Buenos

Esta historia no termina . . .

 

Poco alboroto causó el movimiento de los buenos hacedores, pero sí sentó precedente (pronto imperceptible, pero siempre presente): la buena mercancía ya no tenía lugar en el mercado y todo era ocupado ahora por los desechos.
Nadie sabe, porque es imposible hacerlo, si la oscura previsión del fin de los buenos hacedores, habría llegado sin su intervención, pero lo que ocurrió después fue, en cierto sentido, muy diferente (sin tomar en cuenta el hecho de su desaparición real del mercado libre), ya que por mucho tiempo, el valor del reconocimiento solo llegó a pertenecer a unos desechos de los que ya sabemos suficiente, pero nunca se propagó, porque no podía hacerlo.

La abundancia de desechos fue capaz de cubrir sin problema cualquier interés o malestar por la pérdida de buenos hacedores y mercancía, pero no sofocó los sentimientos conflictivos que esa pequeña sociedad empezó a generar en la población, un poco de desprecio, un poco de envidia, un poco de lástima y un poco de glorificación.
Tras un corto periodo de asimilación, se concluyó erroneamente que no podía hacerse mucho con las tres primeras, pero que al aprovechar la cuarta, podrían, no solo mantenerse vivos y así mismo al pacto, sino incluso fortalecerse y fortalecer su posición.
Una cosa llevó a la otra y más por el flujo de eventos que por las torpes acciones de los miembros del pacto, su apartada sociedad obtuvo reconocimiento como tal y ahora que a pesar de ser muchos miembros, su cerrado círculo de producción y consumo les empezó a quitar años de vida, su posición les sirvió para conseguir jovenes que continuaran su tarea.

 

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La pluma

Otro día, otro hombre despertó.
Respiró, y un aroma suave, profundo e identificable lo impulsó a sonreir. Comió un poco del pan que quedaba e hizo una inútil nota mental de conseguir más.
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